Trabajo, ganas y placer

¿Es el trabajo una carga que no podemos evitar o puede ser una necesidad a atender con acciones placenteras? ¿Podemos trabajar con placer? ¿Tenemos ganas de hacer lo que hacemos en el trabajo? ¿Podemos pasarlo bien mientras trabajamos?

Estas preguntas no son “teóricas”, ni distantes de lo que nos ocurre en la vida. Interrogan sobre la posibilidad de que nuestra experiencia laboral sea placentera y alimente nuestra alegría de vivir o sea sufriente y alimente nuestra sensación de desagrado en la vida.

La tasa del 14 % de desocupación y el poder omnímodo de presión que eso da a las empresas sobre todo su personal (incluidos los directivos) no facilita esta reflexión. No obstante ese contexto pienso que es posible lograr un mayor bienestar durante las horas laborales. Necesitamos para eso reorganizar nuestra manera de ver y sentir.

“Ganarás el pan con el sudor de tu frente…” es una frase que desde los tiempos bíblicos ha organizado nuestro estado de ánimo en el trabajo. Hizo que lo vivamos principalmente como un sacrificio. Aún en nuestra época es frecuente escuchar expresiones tales como “Eso no es trabajo…”, cuando se está en presencia de alguien que realiza una tarea con gusto, alegría y sin que el esfuerzo sea alienante. Se nos dijo que se trata de “cumplir con el deber”, que “debemos postergar las ganas para hacer lo que se debe”. Así es como tenemos aprendida la actitud con que nos vinculamos al trabajo.

Es en esta organización de significados y valores donde el trabajo se nos pregna con la sensación de carga y sacrifico. Así es que nos sentimos ser más persona en la medida que registramos y mostramos ese sacrificio. Ese es el modelo que nos mostraron como valioso y lo seguimos repitiendo aún a costa de nuestra propia salud y de nuestro placer de vivir .

En una oportunidad un cliente, con quien trabajamos mucho este tema, me dijo: “…yo siempre andaba con cara de importante-caracúlico”. Se refería a la actitud con la que mostraba su “importancia personal”. Una actitud que decía del grado de “seriedad” conque abordaba el “sacrificio” que le requería el trabajo. Cuanto más sacrificado se veía el esfuerzo, mayor era la importancia que se asignaba a sí mismo y también la que esperaba que los otros le reconozcan. Poco a poco pudo salir de esa trampa.

Las condiciones han cambiado

¿Es todo esto inmodificable o fue la “moral” necesaria durante un período histórico en que la labor productiva era muy dura y requería de la entrega incondicional de las personas? ¿Es que esa forma se nos quedó clavada en el alma? Las condiciones materiales del trabajo han cambiado y nosotros seguimos repitiendo una actitud que ya es anticuada. No logramos acompasar nuestras sensaciones y actitudes a las nuevas condiciones de posibilidad que trae la revolución tecnológica.

Necesitamos generar una actitud interior en el trabajo que nos posibilite más un estado de ánimo ganoso y distante del “deber”, gustoso y distante del “sacrificio”. Y esto no implica menor grado de compromiso con la tarea, al igual que no es menor nuestro compromiso cuando jugamos al fútbol o leemos algo que nos gusta.

Se trata de buscar un estado de ánimo diferente a la que nos inculcaron. De poder transformar esa forma de ver el trabajo como un esfuerzo sacrificado, alienante y algo que hacemos sólo obligados por la necesidad. Estas creencias y sensaciones se generaron en otras condiciones históricas y productivas. En tanto formas históricas de ser en el trabajo pueden ser transformadas.

Necesitamos reflexionar para lograr en cada uno de nosotros esa transformación. Para acceder en mayor grado posible al placer y bienestar laboral que las actuales condiciones de la producción están posibilitando. Gran parte de las dificultades para que eso se concrete están en pensamientos conscientes que necesitamos rever y actitudes inconscientes derivadas de ellos.

Se trata de ir reorganizando tanto las condiciones externas como las ideas y las actitudes internas de manera tal que el trabajo sea un compromiso que necesitamos tomar, pero también una actividad que tenemos ganas de hacer.