Tercera Avanzada: derivaciones y comentarios

Un comentario al documento de Leopoldo

Por Alejandro Romero

Aquí transcribo parte del documento sobre las alternativas que se nos abren en términos de búsqueda de una vida orientada por un nuevo sentido, en la que la solidaridad y la felicidad se entrelacen.

Citaré las afirmaciones sobre las que voy a hacer algunos comentarios y que me parece que refieren lo central de la idea.

La Tesis

Voy a resumir ese “centro” en la forma de una tesis:

            La Solidaridad es el mejor modo de afirmar el Sentido de Felicidad personal de nuestras búsquedas y nuestras prácticas.

Lo que trae consigo una derivación:

            Actuamos de modo realmente solidario no cuando nos sacrificamos por otros (ser altruista), sino cuando tratamos de ser felices con otros.

Así pues, podemos proponer otra traducción:

            Ser solidario es tratar de ser feliz con otros.

            La solidaridad es el intento de ser feliz al mismo tiempo que se contribuye a la felicidad de los otros.

Algunas  derivaciones

Esto implica distinguir la solidaridad de otros afectos y principios de acción parecidos, pero más “primarios”, menos socialmente elaborados, o bien organizados por el sentido anterior –de utilidad y dominio-.

  • Es decir, hay que distinguir la solidaridad –o al menos nuestro uso de este término- de la compasión –afecto más “primario” de simpatía por el sufrimiento o el dolor del prójimo, pero que, en general, se da desde una posición de mayor fuerza o potencia que él-.
  • Y sobre todo distinguirla del altruismo –negarse a sí mismo en función de la afirmación del otro-, que implica necesariamente que donde uno “gana”, el otro necesariamente tiene que perder, lo que es exactamente lo contrario a la visión que tenemos de lo que significa ser humanos: ser con-otros-seres-humanos y con-otros-seres-vivos.

 

Con lo cual, primer comentario:

Todo lo que planteamos tiene un presupuesto: no se puede vivir plenamente como un ser humano sino en relación activa con otros seres humanos y con otros seres vivientes. Y en el caso específico de los seres humanos, vivir plenamente implica reconocer a los demás seres humanos como nuestros semejantes, en igualdad de condiciones en cuanto a su derecho a perseguir la felicidad.

En la solidaridad, entonces, la com-pasión (es decir la capacidad de sentir la pasión, la afección, que siente el otro) se transforma: se extiende y se hace más rigurosa: es simpatía con el padecimiento ajeno, sí, y en esto conserva su sentido habitual, pero es también simpatía con otra pasión ajena: la felicidad. Me com-padezco no solamente hasta que el otro no sufre, me alegro también con su felicidad. La compasión se prolonga en algo que ya podemos llamar “amor”. Hasta aquí la relación solidaridad-compasión tal como la podemos pensar desde un Sentido de Felicidad.

Segundo comentario:

El Sentido de Felicidad se transforma así en un sentido de Felicidad Compartida. Soy Feliz, o en todo caso, soy más feliz, mi felicidad se amplía, en un mundo donde otros pueden también ser felices, donde otros también acceden a la felicidad. La felicidad humana real y concreta es siempre, en algún grado, felicidad compartida.

Por otra parte, entonces, la solidaridad no tiene nada que ver con el altruismo porque supone, al revés del altruismo, que afirmarse uno es siempre afirmarse con otros y entre otros, y, por lo tanto, es también afirmar a otros, y a los otros, tanto como visceversa.

Lo que se afirma solidariamente son singularidades que viven juntas y no pueden sino vivir con otros. Y que, por lo tanto, crecen juntas. Singularidades que con-crecen. Actuar solidariamente es concrecer: crecer con otros.

Los textos de Leopoldo

La pregunta del texto de Leopoldo que me pareció más orientadora en este sentido de un Sentido de Felicidad como felicidad humana real, y por lo tanto compartida, es ésta:

            “¿Cuál es el común denominador de los deseos que con frecuencia descubrimos compartir  con muchos otros?”

Y los otros párrafos que seleccioné tienen que ver también con la dimensión común, conjunta, compartida, del camino de búsqueda de la felicidad en los modos de vivir de todos los días.

            “Esto es lo que define nuestra idea de la solidaridad: LO QUE CONVIENE A OTROS ME CONVIENE y LO QUE ME CONVIENE TAMBIÉN CONVIENE A OTROS: será valioso para mí lo que no afecta negativamente a otros…./…

Sólo podremos disfrutar como algo normal, como el registro habitual de nuestras vidas, en un contexto de disfrute y bienestar. …/…

Por eso la solidaridad no es sólo una cuestión de bondad para con otros. ES UNA ESTRATEGIA QUE PROPONE, desde la experiencia propia y la de otros, LA CONSTRUCCIÓN DE UN MUNDO ORGANIZADO PARA EL BIENESTAR COMÚN Y LA FELICIDAD DE LAS PERSONAS…/…”

Una aclaración posiblemente necesaria

En relación con ellos, y que con mis propios comentarios, diré, para precisar el sentido y el alcance de lo que decimos, que tenemos que acotar su valor al universo compuesto por los seres humanos que se reconocen como semejantes en la convivencia. Todo lo que digamos respecto de la felicidad y la solidaridad adquiere otro cariz, se matiza intensamente, si es que no resulta sencillamente inválido, si nos referimos a las relaciones entre “enemigos”.

Y para que nos podamos entender, explicito qué entiendo por “enemigo”: Se constituye a sí mismo en mi enemigo: quien no me reconoce como un semejante para la convivencia: quien me niega como conviviente posible en condiciones de igualdad –es decir, sin subordinación o sometimiento permanente (crónico, estructural)-. Es mi enemigo quien me enfrenta al siguiente dilema: “En la relación conmigo: sometimiento incondicional de tu parte, o guerra total”.

Algunos apuntes sobre la definición

Dicho esto, volvamos a la propuesta desde los textos de Leopoldo. Creo que el punto que conviene elaborar más es (para decirlo con “maldad”), la “fórmula” de la solidaridad; o (más generosamente) su caracterización: “lo que me conviene, conviene también a otros, y visceversa”.

Como quien revuelve lentamente un guiso, voy a intentar algunas formulaciones menos generales que pretenden “bajar a tierra”, a las situaciones prácticas, más concretas, esta fórmula general de la solidaridad según el Sentido de Felicidad.

Primer intento:

Entre dos cosas que me convienen lo que más me conviene es lo que conviene también a los otros, y lo que menos me conviene es lo que no conviene a los otros.

Segundo:

Lo que me conviene y conviene también a los otros, me conviene doblemente: en lo inmediato y particular, porque me conviene aquí y ahora, y en lo mediato y general –el largo plazo, las condiciones de posibilidad de mi vida- en cuanto mejora mi relación con los otros y la vida de los otros junto con la mía y a través de la mía o por la mía.

Tercero:

Si lo que me conviene no conviene a otros tengo que medir muy bien cuánto me conviene y cuánto no-conviene a otros: cuanto más (y más permanentemente) daña a otro, menos me conviene.

Cuarto, que se sigue de Tercero:

Lo que quiere decir también que en caso de conflicto, si lo que me conviene no conviene a otros, tengo que velar porque al menos no los dañe. Y si los daña, que ese daño no sea ni permanente ni irreparable. Aun así, tengo que volver a preguntarme si lo que pienso que me conviene me conviene tanto como producir ese perjuicio, ese daño: tengo que esforzarme por encontrar otros caminos para afirmar parte de lo que me conviene sin daño y perjuicio para otros.

Quinto:

Los otros y mis relaciones con ellos conforman el mundo sin el cual y fuera del cual no puedo ser feliz: lo que me conviene me conviene tanto más cuanto más conviene a mis relaciones con los otros y a los otros, es decir, al mundo en que mi vida tiene lugar y del que mi vida forma parte inseparable; pero lo conveniente en mis relaciones con los otros es lo que también me hace personalmente feliz o aumenta mis posibilidades de ser feliz.

Sexto:

Si hay conflicto entre mi conveniencia y la conveniencia ajena, la solidaridad de mis actos queda suspendida, y por lo tanto, desde el punto de vista del intento de ser feliz, mi conveniencia queda puesta en cuestión. Tengo que interrogarme si el análisis que hice de sus condiciones de posibilidad fue suficiente y correcto.

Séptimo, que deriva de sexto:

Desde el punto de vista de tratar de vivir según un sentido de felicidad, cuando daño al otro, a mi semejante, me estoy dañando a mi mismo en mi posibilidad de ser feliz.

Octavo, que deriva de séptimo:

Mi conveniencia deja absolutamente de serlo (o dicho de otro modo: es una ilusión) cuando al afirmarla afirmo también el siguiente principio: tengo que elegir entre mi conveniencia y la conveniencia de los otros. Desde el mismo momento en que empiezo actuar sistemáticamente según este principio, abandono la dimensión de la convivencia y lo que parece convenir a mis posibilidades de felicidad, en realidad las destruye.

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Sentido de Felicidad y Solidaridad, o Sentido de Felicidad Compartida