Solidaridad y Competencia

Y tras esta introducción conceptual, en su función de coordinación Leopoldo propuso al grupo que encarnara la situación teorizada:

¿Ustedes reconocen en sí mismos esto? ¿Es algo que les pasa?”

Enseguida hubo quien admitió que sí, pero que todavía lo vivía como una lucha entre querer ser feliz y querer ser útil; y entre solidaridad y competitividad. Una lucha en la cual lo que se gana en un terreno pareciera que se pierde en el otro.

Una lucha que tiene otras derivaciones (resumo algunas manifestaciones de los participantes en el laboratorio que cito, todos integrantes de una organización social solidaria):

  • Se da como lucha entre ser eficiente a cualquier costo (con el auxilio que a ello prestan los saberes habituales: la competencia, la jerarquía, la compartimentación, la instrumentación de personas y cosas) o ser solidario en todos los planos de la propia actividad, en lo cotidiano del vivir personal y organizacional.
  • Entre competir por recursos que se juzga escasos (aun contra otras organizaciones sociales como la propia, que operan con objetivos parecidos), en aras a mejorar el rendimiento en cuanto a los objetivos finales planteados (por ejemplo, hacer llegar comida a los comedores populares), o ser solidarios como política general de vínculos y de construcción: hacia adentro de la organización (con los propios compañeros, integrándolos y generando formas de participación más igualitarias) y hacia afuera, con otras organizaciones sociales hermanas que comparten los mismos objetivos u objetivos complementarios.

Pero ocurre que todo este conjunto de tensiones y de dilemas –según señaló la coordinación en su momento- constituye también una marca de la época.

Porque hay, en efecto, en la realidad entera en que vivimos, una “pulseada histórica” entre dos fuerzas de sentido: una que no se resiste a dejar de ser el sentido organizador de nuestra civilización, y por lo tanto de nuestras subjetividades y de nuestra socialidad (la utilidad, el dominio, el éxito “de lo propio” –y de “los propios”-), y otra que hace fuerza para transformarse en el nuevo sentido organizador: la felicidad y la solidaridad.

Entonces, todavía nos ocurre que lo que sabemos es ser responsables con el deber, con la utilidad, con la eficiencia, con el éxito, y los valoramos espontáneamente como cosas serias.

Pero no sabemos valorar como algo serio y fundamentalmente importante la felicidad y la solidaridad.

El nuevo sentido podría enunciarse, entonces, desde la valoración de estas “riquezas” existenciales, humanas y sociales fundamentales: la felicidad y la solidaridad.

Podríamos llamarlo “de cuidado de la vida, del otro y del planeta”. Un sentido organizador de nuestros vínculos y nuestras acciones y valoraciones que haga que cada experiencia y cada momento vividos valgan por sí mismos.

Y esto no va en contra de la “utilidad”, porque no sólo ocurre que el que está feliz trabaja mejor, sino que lo que hace en y con su trabajo colaborará con su propia felicidad, presente y futura, y si lo hace en el seno de relaciones de solidaridad y para objetivos solidarios, lo que hace colaborará también con la felicidad, presente y futura, de otros. Con lo cual, el nuevo sentido podría llamarse también “de felicidad y solidaridad” o “de felicidad compartida”. Y subrayamos en ambos casos la palabra “presente” porque el sentido organizador que está tratando de transformarse en el sentido que organice nuestras vidas personales y colectivas es un Sentido Organizador que no sacrifica el presente en aras del futuro, sino que realiza plenamente lo humano aquí y ahora, en toda la medida en que eso sea posible en el presente de cada caso, pero sin dejar nada de ello fuera, hipotecado al futuro. La solidaridad y la felicidad de la que hablamos no son pues, “futuras”, “finales”, sino actuales, en actos. Lo que no quiere decir que sacrifiquemos el futuro a alguna clase de “goce presente” instantáneo, sino que fundamos el futuro que construimos en el tipo de presente que somos capaces de ser y de hacer.

Sobre esta base, Leopoldo Kohon realizó una propuesta de trabajo que contiene lo esencial de la propuesta ético-existencial y práctico-existencial que aquí presentamos. Nuestra segunda avanzada le corresponde.

—————————————————-

Sentido de Felicidad y Solidaridad, o Sentido de Felicidad Compartida