Sobreproteger es debilitar

La sobreprotección deteriora, o directamente elimina, las posibilidades de autoabastecimiento del chico en los distintos períodos de su crecimiento. Autoabastecerse quiere decir ser capaz de generar por sí mismo la satisfacción de las necesidades propias en la medida en que esto es posible de acuerdo a la edad. Esto abarca desde el control de esfínteres y el comer por cuenta propia hasta lo que 15 ó 20 años más tarde será el autoabastecimiento económico.

En esta época es habitual (en la medida en que esto sea posible económicamente para los padres) que los chicos no tengan responsabilidades Y con ello que tampoco tengan la posibilidad de experimentar progresivamente el ir haciéndose cargo de tareas y actividades, no siempre lúdicas, implicadas en la vida cotidiana.

En casi ningún hogar se da al niño la responsabilidad de hacerse cargo en un grado razonable de las tareas comunitarias. Ni  lavar y secar platos, ni barrer o poner la mesa. Es como si no correspondiera, como si se tratara de la casa o de la comida de otro, o como si se diese por descontado que el niño debe ser servido. ¿Se lo supone incapaz o se lo cree sólo con derechos y sin obligaciones? Creo que es una mezcla de ambas cosas, que al sumarse constituyen al niño en un ser impotente: si es chico, no sabe o no puede.

El niño no es ni siquiera responsable del orden de aquel sector de la casa que sólo él usa: su habitación. Aún allí, el orden es puesto por otro, la mamá o la mucama, y con ello se le expropia la posibilidad de encontrar su propio estilo de orden. Termina de esta forma sometido a criterios de orden de otros, porque se lo supone incapaz de hacerse cargo de la tarea.

Muchas veces resulta más sencillo para los adultos hacer las cosas a su modo que enseñarle al chico el cuidado de sus cosas y el valor de un cierto orden para vivir y convivir.

Una de las pocas responsabilidades que se le da al niño en la actualidad es la de cumplir con la escolaridad. Pero enseguida se la quitan, cuando la madre se hace cargo de que ellos respondan convenientemente. Que estudien, que organicen sus cosas, que se acuerden…; al final no son los chicos sino la madre la responsable de la tarea escolar.

La cuestión tiene una importancia vital, ya que lo que está en juego es qué hijo, qué tipo de hombre o mujer estamos criando: ¿Alguien dependiente y débil, incapaz de actuar sobre su realidad inmediata, sometido a las incertidumbres, a la devaluación de los valores y al sinsentido de la vida? ¿O un hombre capaz de elegir, de afirmar un sentido y una ética singular, capaz de hacerse cargo de su elección y de afirmarla operativamente en la vida?