Red-unidos, Laboratorio de Sentidos para la Acción (20/07/2012)

Para empezar, un tema pasajero y operativo que vale la pena dejar reseñados para conversaciones futuras: ¿Sirven las crónicas para montar en Facebook y promover esta actividad?

La opinión general fue que no. Pero que funcionan como ayuda memoria, como archivo de trayecto y como material para los ausentes.

Se propuso enviar a las 180 organizaciones de la red las dos crónicas existentes hasta entonces, con un encabezado explicando el sentido y la mecánica de la movida.

Nuevamente el tema del ego

El resto de la reunión giró, toda ella, sobre un tema central y retomado: el de los egos y cómo trabajar para liberarse de ellos y sus demandas.

A modo de introducción se cita el caso de una fundación conocida. El comentario es significativo: “los egos son tremendos ahí”.

La idea central que va tomando forma es que “se trata de bajar la guardia del ego. Tenerlo siempre presente para poder denunciarlo ante uno mismo. Si no, no se puede buscar el bien del otro, que es lo que queremos hacer en las ong´s.”

Se formula entonces explícitamente la pregunta: ¿Qué es el ego?

Y se intentan algunas aproximaciones:

Poner por delante el propio interés…; Buscar el dominio…; Buscar publicidad…

Esto conduce a criticar las dinámicas de algunas ong´s muy conocidas, que predican el altruismo pero se publicitan constantemente, o que promueven el surgimiento de liderazgos exclusivamente individuales, y una vez generados les sueltan la mano.

Se suscita una ponderación: no son como nos gustaría pero también contribuyen a cambiar algo.

Y aparece una primera reflexión: combatir el ego es también superar el primer momento de rechazo frente a lo que no es como a uno le gusta, y abrirse a una consideración más amplia que permita ver las virtudes de los demás y de su acciones.

Todos reconocemos, en este punto de la conversación, que no podemos con nuestra intolerancia.

Y la propuesta es que cada uno piense como funciona esto, la intolerancia y el egocentrismo, en sí mismo.

Primer aporte: “Es el malestar que me genera cuando otro hace bien lo que yo quisiera hacer bien”.

Otro: “Yo, me doy cuenta de que cuando discuto con otro termino maltratándolo para tener razón, y hago lo contrario de lo que quisiera hacer, y de lo que creo que hay que hacer”.

Se pide más concreción. –“Me pasa con mi pareja”, dice quien planteó el tema.

Y… ¿qué hacés entonces?, es la pregunta.

-“Pido perdón. Pero sigo pensando que mi posición inicial es la correcta”.

La condición humana, la cultura y la historia en cada uno

Se vuelve a plantear la idea de que el egocentrismo forma parte de la condición humana. Y volvemos a proponer una mirada alternativa: el egocentrismo es un producto cultural; está históricamente generado y condicionado. Es la expresión más acabada y astuta del imperio del sentido de utilidad y dominio en una cultura del éxito individual.

Su derrota es difícil. “¿En quién se encuentra como algo logrado una forma de ser que carezca de movidas, más o menos grotescas o más o menos sutiles, de lucimiento personal y dominio sobre la situación? En nadie”.

Seguimos desarrollando la idea de que, sin embargo, ese deseo puede ser muy fuerte o muy débil, y que eso depende, entre otras cosas, de un trabajo personal ayudado por un momento cultural como el actual, en que las formas de vivir, hacer y relacionarse generadas y organizadas por el Sentido de Dominio están en crisis: no nos satisfacen y ya no nos parecen legítimas, aun cuando sigamos actuando desde ellas pese a los disgustos que nos traen.

¿Altruísmo o alianza amorosa?

Se plantea también, complementariamente, la necesidad de tener cuidado con querer ser más bueno de lo que uno puede. Esa sería la forma más peligrosa de la hipocresía y una de las más insidiosas del propio egocentrismo: querer ser más bueno de lo que uno puede ser o de lo que uno es.

Manifestamos, a tono con esto, un común rechazo a la visión angelical de la sociedad civil y de las personas.

Y se plantea una crítica al altruismo como aquella actitud que consiste en tener que negarse uno para beneficiar al otro: solidaridad, amor, no significa negarse uno, sino afirmarse uno en alianza con la afirmación del otro; afirmarse uno en la medida en que el otro se afirma. Uno puede construir con otro desde la diferencia.

Se vuelve sobre el ejemplo más concreto y hogareño de quien discute con su pareja y la trata mal para ganar una discusión:

-“¿Qué se construiría si en lugar de discutir con su pareja, se sentara a conversar con ella y a examinar en qué difieren?”

Conversar, en lugar de discutir

Es decir, se propone que las diferencias no generen una discusión, o no se intente saldarlas a través de una discusión donde cada parte defiende su posición originaria porque lo importante es conservarla e imponerla, sino que las diferencias abran un espacio de curiosidad, de búsqueda y de conversación, un intento de expresión, de escucha y de comprensión mutua donde las dos partes traten de comprender la posición y las razones del otro, y de poner en claro en qué difieren, para poder buscar puentes y ámbitos de acuerdo y alianza. Conversar sería así un camino y una forma de la alianza amorosa (discutir, en cambio, es una expresión del afán de dominio).

La idea central es que construir alianzas, aunque más no sea para conversar las diferencias con cierta “calma” y solidaridad, habilita espacios de bienestar vital y vincular: uno duerme mejor, hace mejor el amor, come mejor… En síntesis: disfruta más.

La Razón y la Emoción

Alguien propone entonces su propia traducción de la estrategia: “Hay que bajar de la razón a la emoción. De lo que pensamos a lo que sentimos en el cuerpo. Pero a mí me cuesta. Me educaron en lo intelectual”.

La coordinación propone una mirada alternativa: “La emoción también está organizada por el sentido de dominio. Uno quiere, desea, imponerse al otro. Y cuando uno le hace el juego a esa emoción organizada por el sentido de dominio, disfruta con ello también”.

Hay parcial desacuerdo: “A mí me pasa que sigo discutiendo, pero algo en mí me dice que no siga, que no va por allí, que eso no me gusta ni me hace bien. Es ese algo lo que tengo que aprender a escuchar”.

Propuesta táctica: “Lo primero que podés hacer cuando eso te pasa y lo detectás, es parar: callarte la boca. Suspender o abandonar la discusión”.

Alguien se siente identificado con esta manera de vivir el conflicto que hace de lo racional el lugar de la sobrevivencia más fuerte del sentido de dominio y de lo emocional el lugar donde brota el deseo de otra forma: “Yo tengo contradicciones entre lo emocional y lo racional: a veces no tengo estrategia política para lo amoroso. Y se queda ahí, si saber cómo afirmarse, cómo proceder”.

Se subraya, desde la coordinación una idea básica: “Es algo que nos cuesta en todos los ámbitos, a todos. Lo que importa que tengamos en cuenta es que se trata de un enfrentamiento entre fuerzas de sentido o ejes organizadores de la existencia, que habita por igual lo intelectual y lo emocional-corporal. Sólo así nos será posible atender la complejidad implicada en el intento de posicionarnos con mayor autenticidad y soberanía en nuestra experiencia”.

El ejemplo de la vida en pareja y otros ejemplos

Seguimos, retomando el plano de las vivencias más concretas: de un modo u otro es en la pareja donde la pervivencia de los modos del dominio genera un mayor dolor y al mismo tiempo es allí donde es más evidente la conveniencia de las políticas de alianza amorosa.

Para poder superar esto tenemos que salir de la pareja indiscriminada, y de la pareja subordinada, y reconfigurar completamente la estructura del vínculo de pareja. Tenemos que repensar qué pareja queremos –qué tipo de pareja-. Y para esto –algo muy importante-: para esto no hay modelos ni maestros. Hay que inventar. Con los otros (en primer lugar, con nuestras parejas).

Esto pasa en todos los ámbitos en que nos movemos y actuamos. También con la carrera, con el trabajo, con los amigos, con la política. En todos los frentes la búsqueda es la misma y requiere autorizarse la invención, el experimento. Y supone la generación de alianzas.

Se suscita entonces, promovido por otro compañero, siempre en relación con el tema del ego, el desplazamiento a otra zona existencial: “A mí me tortura más el mandato de tener que “ser alguien”, de lograr hacer algo social o económicamente reconocido. Cuando me aparece ese reclamo tengo que trabajar para desmontarlo. Y cuando lo consigo –ahora a veces lo consigo- me siento libre. Liviano y abierto a mí mismo y a posibilidades de mi vida que bajo aquel yugo no me permito ni imaginar”.

Qué hacer, o: lo que parece irresoluble es el lugar de la pregunta por el Sentido

Otro miembro del grupo traduce: “Sentirse libre o estar pegado a la bandera: superhéroe, Gandhi, empresario o Madre Teresa… y prisionero de ella… Es una contradicción irresoluble”.

La pregunta brota: ¿Por qué irresoluble? Al contrario: cuando esas contradicciones aparecen es cuando hay que plantearse la pregunta por el Sentido y construir políticas existenciales, personales, “en el gobierno de uno mismo: hacer la revolución es hoy tomar el propio palacio de invierno, es plantearnos soberanos en la elección de nuestra propia manera de ser y vivir”.

Y se sigue por esa línea: “Política no hay solo en la calle, sino en uno mismo y en las propias acciones. El poder de hacer y ser diferente crece en mí cuando hay prácticas que fortalece en mí esas líneas de acción, que crean huellas de nuevas formas de ser y hacer. Por eso, la pregunta política, y a la vez existencial, en cada caso, es doble: qué hacer, y en qué sentido”.

Fin de la reunión.