Queremos Bien Vivir

A lo largo y a lo ancho de la sociedad, aquí y en el resto del mundo, proliferan las personas y los grupos que ponemos en cuestión los modos de vivir en que estamos sumergidos y que sustenta el orden social actual. El híper-consumo, la competencia desaforada y constante, la aceleración como norma y como condición para el éxito, el éxito material como condición de sobrevivencia… nos encierran en una espiral de desgaste y de soledad que trae consigo, a nivel personal, una íntima y profunda experiencia de cansancio y sinsentido, y a nivel general, la descomposición de las tramas solidarias y la destrucción del entorno ecológico y medioambiental, depredados, ambos, en pro del “éxito”.

Estamos hartos de vivir así. Buscamos alternativas. Conformamos y damos vida a organizaciones -sociales, socio-políticas, no gubernamentales- que tienen por objetivo lograr cambios en este estado de cosas. Cada una se enfoca preferentemente en un aspecto de la realidad social o en otro: la educación, el medio-ambiente, la pobreza, la vivienda, el sida, los derechos de las minorías, los asuntos de género, la seguridad alimentaria, la salud, la producción cooperativa, etcétera, etcétera. Pero todas quieren avanzar hacia eso que podemos llamar, tomando la expresión de nuestros hermanos de los pueblos originarios, el Buen Vivir. Un orden centrado en la felicidad, la solidaridad y la convivencia plural y pacífica, antes que en el dominio, la acumulación y la competencia excluyente.

De a uno se puede poco: importancia de la alianza

Ahora bien, la capacidad para lograr cambios sociales sustanciales y duraderos que tiene cada uno de nosotros -o cada organización- es muy limitada. Todos nuestros “éxitos” son puntuales pero casi no mueven la aguja del estado de las cosas. Los vamos sumando, pero siempre es poco. Y, con justicia, aspiramos a más.

Semejante aspiración nos lleva a intentar algo consistente con nuestra búsqueda de más solidaridad, más pluralismo y más felicidad en la vida humana. Tratamos de ayudarnos mutuamente, de complementarnos, para que aumenten nuestra potencia de acción al mismo tiempo que mejoran nuestra situación práctica, organizacional y existencial. Es decir: al mismo tiempo que nos sacan del aislamiento y nos protegen mejor del embate del resto de la lógica social, política y productiva habitual.

Estancamientos sucesivos

Sin embargo, una larga experiencia de cientos de personas y organizaciones nos muestra debilidades y errores en este intento. Las organizaciones no se expanden, las redes se desmembran, los que aspiran a aliarse se distancian. Cada organización, por lo general, vuelve a quedar reducida a sus propios límites y debilidades. Sus miembros, y en especial sus dirigentes, vuelven a remar contra la corriente, exigidos por las presiones cotidianas, entregados a la exigencia diaria de logro, condición de sobrevivencia.

————————————————

Laboratorio de nuevas ideas y actitudes para la vida y la acción