¿Qué es la amistad?

¿Podemos ser más amigo(a) de nuestros amigos?

Raramente nos detenemos ante preguntas que nos parecen de respuestas obvias, como por ejemplo ¿que es un amigo…? o ¿que es la amistad…?. Sin embargo, detenernos a reflexionar ante algunas de estas cuestiones resulta con frecuencia un camino de enriquecimiento de nuestra vida. Enunciaré algunos aspectos de la amistad que están implícitos en la idea que todos tenemos de ella: ·Un amigo(a) es alguien con quien me une una relación en que ambos nos importamos afectivamente. ·Los dos sabemos que ninguno hará conscientemente algo que perjudique al otro. ·Que hay cierto grado de cuidado y atención del otro siempre presente. hQue no llevamos la cuenta de los favores. ·Que podemos hablar libremente. Decirnos todo lo que nos ocurre y sentimos, sin temer la desvalorización o el enjuiciamiento del otro. Con él (o ella) puedo intimar con libertad.

La cuestión en la que quiero detenerme en esta nota es justamente esta última. Más allá de pensar qué es la amistad, propongo que cada uno nos preguntemos si ejercemos esa posibilidad de hablar y pensar en libertad sobre las cuestiones más intimas, los proyectos más locos, los dolores más profundos. Si nos permitimos sentir al amigo como un aliado, un compinche con quien ejercemos esa libertad de decirnos todo lo que nos ocurre, pensamos y sentimos.

Propongo que seamos más conscientes de que gran parte de la riqueza y profundidad de una amistad, pasa por el grado en que podemos hablar abiertamente con el otro de nuestros problemas y de nuestras alegrías, de nuestros deseos y dificultades, de nuestros sueños e ilusiones. Conscientes de que lo que ocurra en una relación de amistad depende en gran medida del grado en que podamos intimar en ella y del grado en que pensamos juntos las cuestiones de nuestras vidas. Eso dará magnitud y espesura al vinculo afectivo que nos une. Y propongo que nos preguntemos en que grado esto ocurre en la relación con nuestros amigos.

Si lo intentamos podremos más. Sugiero prestar atención al desarrollo de nuestra propia capacidad de intimar con los amigos porque este es un camino de construcción y profundización de los vínculos amistosos que en general no afirmamos todo lo que podríamos. Y también porque esas conversaciones intimas entre amigos son un ámbito de reflexión potente para buscar y encontrar nuevas y más agradables formas de vivir.

En casi todos nosotros esta capacidad de intimar y pensar juntos necesita ser ejercitada y desarrollada. En general no nos resulta fácil estar abiertos a ella, ni estamos atentos a toda su significación en nuestras vidas. Somos tímidos, o estamos demasiado ocupados en mostrar una imagen brillante de nosotros mismos como para mostrarnos ante los otros sin prejuicios ni temores, desprovistos de decoraciones, de certezas, éxitos, seriedades y poderío. Nos cuesta mostrarnos en lo soñador, lo débil, lo juguetón que somos, las inseguridades y las incertidumbres que tenemos. Y así superficializamos las relaciones, nos separamos de los otros por una lámina invisible que armamos preocupados por dar una “buena imagen” de nosotros mismos, sin darnos cuenta que lo que más nos vuelve agradable y deseable para los otros es justamente el mostrarnos abiertamente como somos, incluidas nuestras ganas de cambiar en algunos aspectos.

No es exagerado afirmar que algo (o mucho) de esto, nos ocurre a casi todos y que nuestra vida se enriquecería si nos propusiéramos compartir más abiertamente lo que sentimos y deseamos, si nos aliásemos con los otros para pensar sobre lo que cada uno quiere en la vida y cómo lograrlo.