Productividad y bienestar existencial

El desarrollo tecnológico y la globalización de los mercados han hecho más competitivas y riesgosas las condiciones en que la actividad productiva se realiza cotidianamente, y esto genera más conflictos en la vida privada de los productores. Las exigencias son cada vez mayores y así también son mayores las contradicciones y conflictos que se manifiestan en la vida íntima de las personas.

Hablar de conflictos significa, por un lado, referir a lo que nos impide vivir bien, y por el otro a los puntos de desgaste y de pérdida de energía vital. Hay conflictos y contradicciones entre el trabajo y la familia, que se expresan en las relaciones padres-hijos y en la pareja. Hay contradicción entre las exigencias de éxito y las posibilidades de bienestar en la tarea. Hay conflicto con el tiempo ocupado por el trabajo, que sentimos como tiempo expropiado y de sacrificio, pero también con el tiempo libre, que no nos resulta fácil llenar de sentido.

La crisis del mundo en sus condiciones actuales nos atraviesa a todos y debilita las posibilidades de afirmación de la vida y la creatividad. Por ello se impone abordar un camino de reflexión en torno a esas cuestiones, que nos habilite para vivir y producir mejor.

Hoy está claro que el bienestar de los productores influye de manera significativa en la productividad y en la convivencia empresarial. Las cuestiones existenciales de los empleados forman parte de los intereses de la empresa, y son parte importante en la construcción de sus potencialidades productivas.

De lo que se trata entonces es de dejar de ver a los productores  como instrumentos de la producción y la rentabilidad, y pasar a considerarlos (y generar las condiciones para que todos podamos ser) generadores responsables, motivado desde las propias ganas e intereses. Desde esta óptica nueva, los productores –y su vida toda– no están al servicio de la empresa,  sino que ésta es la organización que les permite participar de la actividad social productiva para generar lo que es necesario para vivir.

Este cambio esencial, que es dejar de concebir a las personas como simples medios del proceso productivo, para pasar a entender a la producción como el medio (y también el ámbito) para el mejor vivir de las personas, es quizás el cambio de actitud fundamental que nos hace falta. Este giro nos permitirá poner en práctica una manera más creativa de ser y vivir, también en las empresas y en la producción. Aprender a hacer que en la actividad productiva se afirme nuestro bienestar y nuestra posibilidad de disfrute es un desafío que requiere nuestra creatividad, y es también el camino que la potenciará en mayor grado.

Pero esta transformación cultural no es sólo una cuestión de política organizacional; no pasa solamente por una reingeniería de la producción ni de la capacitación laboral. También debe ser generada desde la reflexión de cada productor sobre el sentido de su vida y la relación que mantiene con su trabajo. Por eso la práctica de pensar la vida está tan estrechamente ligada a las nuevas condiciones y posibilidades de la producción.