Por un trabajo con sentido

En la medida en que no cambiemos la relación que mantenemos con nuestro trabajo, es muy difícil que transformemos nuestra manera de ser y vivir. La actividad laboral consume gran parte de nuestros horas. Es preciso que replanteemos el sentido que le otorgamos, y los vínculos que entablamos con nuestros clientes, compañeros, y con el producto que damos a luz.

El desarrollo tecnológico demanda un atributo hasta ahora reservado a pocas tareas y personas: la creatividad. La robótica no sólo expulsa de la producción a los hombres (que pueden ser reemplazados por máquinas), sino que al mismo tiempo solicita un tipo de productor creativo y participativo.

Ahora bien: la empresa típica del capitalismo productivista fue pensada desde la jerarquía, la obediencia y la repetición. Hoy se pretende abrir espacios para la creatividad, pero la vieja estructura de mando y responsabilidad –inscripta tanto en las formas organizacionales como en las conductas personales— impone un marco todavía muy estrecho al crecimiento de este proceso. Mientras esta concepción continúe vigente, será difícil plasmar organizaciones que promuevan la participación del conjunto.

El paradigma de la ganancia como objetivo único de la acción empresarial atenta contra el compromiso y la creatividad, ya que excluye del campo de las preocupaciones la pregunta por el sentido de la actividad productiva, tanto en lo que hace a los vínculos humanos que constituyen la empresa, como a las relaciones de ésta con la comunidad.

Los empresarios actuales no se sienten creadores y organizadores de la sociedad a la que pertenecen. Se consideran meros integrantes de ella. De este modo, el sentido del trabajo como organizador de nuestra sociedad y nuestra cultura desaparece, oculto bajo su pura significación económica.

Este mismo esquema se repite hacia adentro de la empresa: los empleados no se sienten partícipes activos, sino meras herramientas de producción. En consecuencia, las relaciones entre ellos no se dan como vínculos creadores y responsables, orientados hacia un fin común, sino como subordinación a los intereses y mandatos de la dirección.

La creatividad en la empresa sólo se afirmará en la medida en que todos –empleados y dirigentes–, revisen el sentido de su actividad productiva, tanto desde el punto de vista personal como social. Este proceso, a su vez, promoverá la reinserción proactiva de la compañía en el todo social.