Poner los límites o mostrar los límites

Es habitual que usemos la expresión “poner limites”, para referir a una de las cuestiones fundamentales que debe ser atendida por los padres en la crianza y educación de los niños. ¿Que estamos diciendo cuando decimos “poner limites”? ¿Por que creemos que es tan importante “poner limites”? ¿Que entendemos, en la práctica, por hacer eso?

Si intentamos una síntesis de los objetivos que nos proponemos en relación al crecimiento del niño, definimos la acción de educar como el conjunto de actos, dichos y actitudes, que posibilitan al niño conocer el mundo e ir organizando su existencia en conductas y maneras de ser, vivir y convivir, que le permitan ser en
este mundo, lo potencien para afirmarse en él, realizar sus deseos y al mismo tiempo respetar y cuidar a los otros, a las cosas y al mundo mismo.

¿Cómo ponemos límites?

Ahora bien, en relación a estos objetivos los limites pueden funcionar como un ordenamiento externo que se impone en la conducta y conciencia del niño o, por el contrario, como un orden que deviene de una realidad que le es explicada y que se va organizando como su propia conciencia de la realidad. La diferencia entre esas dos maneras podría enunciarse como “poner limites” o “mostrar los limites”. Podemos ponerle limites y punto, o podemos ayudarle al niño a tomar conciencia de los limites que la realidad impone a su conducta. En esta segunda posibilidad los limites son comprendidos como formas de comportarse convenientes en la vida, mientras que en la primera los limites son formas del deber ser. Es la diferencia entre el aprendizaje de las elecciones propias (apropiadas y responsables dadas las circunstancias) y lo impuesto por una autoridad externa. En el reconocimiento de las formas convenientes, el niño va organizando respuestas propias que se enraízan en la lógica mostrada por los adultos y en la sabiduría de ellos, pero no se somete a lo dicho como si fuese la verdad revelada.

Las formas tienen concecuencias

En la primera versión, los limites impuestos organizan una personalidad débil en autonomía y creatividad, con conductas rígidas y poca libertad para generar y/o aceptar cambios. En la segunda posibilidad los limites son aceptados al entender el funcionamiento de las cosas, pero también forma al niño en una actitud más autónoma y capaz de recrear y recrearse. Comprender y aceptar las pautas convivenciales y su conveniencia, lo constituye como un ser más potente para cuidar y cultivar la vida.

Es cierto que muchas veces los padres se encuentran en circunstancias en las que con mostrar y explicar los limites no alcanza (una situación de peligro por ejemplo) y es necesario poner limites, de manera contundente y sin que haya tiempo para explicaciones. Pero también es cierto que en infinidad de situaciones hacemos eso por comodidad, costumbre o porque simplemente nunca pensamos otra posibilidad.

Necesitamos estar atentos

En esto, como en muchas otras cuestiones de la vida, nos funciona como dificultad para crear nuevas formas la experiencia de nuestros ancestros, que ejercieron la paternidad con la imposición de las verdades establecidas y sin necesidad de explicación alguna a los niños, quienes debían simplemente “hacer caso” porque el papá o la mamá así lo ordenaban. Este viejo y ancestral formato de la paternidad, es el que estamos necesitando transformar, en aras de criar personas más autónomas, libres y potentes en la vida. Para ello necesitamos cambiar maneras muy fuertemente instaladas en nosotros y que tienden con mucha fuerza a la repetición de formas conocidas.

Si relacionamos esta cuestión con el estado actual de las cosas en el mundo (la velocidad de los cambios, la ausencia de certezas estables, la transformación cotidiana de la realidad) podemos ver por qué importa estar muy atentos a este cambio en la manera de ser padres. La vida de nuestros hijos no depende de su aceptación dogmática de nuestras verdades y de nuestras maneras de ser y hacer, sino de su posibilidad de sintonizar con el estado de cosas que irá encontrando a lo largo de su existencia y posicionándose ante ella de manera autónoma y creativa. Generar en ellos la fuerza y la libertad para recrear y generar en cada situación las formas convenientes al cuidado y cultivo de la vida, es el objetivo de nuestra paternidad-maternidad.

Tener presente el giro que propongo en la manera de nombrar lo que queremos hacer (de “poner limites” a “mostrar los limites”), nos ayudará en este proceso de cambio.