Pensar la Vida

Toda la práctica de Pensar la Vida, la metodología que practicamos, fue desarrollada y está dirigida para cultivar, pensando juntos a lo largo de la conversación reflexiva, este proceso de cambio subjetivo, cultural, de modos de hacer las cosas y de Sentido Vital. Necesitamos ayudarnos mutuamente a iniciarlo y acompañarnos en el proceso de afirmación de lo nuevo.

Se trata de resignificar nuestra experiencia y de rediseñar nuestras prácticas (las privada y las públicas). Dereconfigurarnos sobre el cauce de nuestro deseo de Bien Vivir. Y de averiguar qué quiere decir eso, en concreto (para cada uno y para el nosotros de cada caso) y cómo ir concretándolo en pequeños pasos (a esto llamamos: micropolítica).

Estamos seguros de que esta metodología participativa y dialogal, puesta al servicio de quienes participan de distintos emprendimientos y organizaciones, es una herramienta potente para articular los cambios que buscamos e intentamos en el campo organizativo de la actividad cotidiana, y las transformaciones de los modos en que establecemos y gestionamos nuestras relaciones con los demás, con nosotros mismos, y con nuestras prioridades y dificultades.

Nos mueve una convicción que nuestra larga práctica confirma: Para vivir según otro sentido y otros valores, para acercarnos al Buen Vivir, no hace falta ni es deseable esperar a que “el mundo cambie”. Podemos empezar a constituir desde ya y desde cada uno, nuevas maneras de ser y hacer. Para eso necesitamos espacios compartidos de conversación y búsqueda relativamente a resguardo de las presiones y exigencias cotidianas. Espacios conversacionales y reflexivos donde cultivar nuevas maneras de ser, de relacionarnos y de hacer las cosas. Maneras que acrecienten nuestro placer de vivir y nos permitan alimentarotros sentidos para la convivencia y la acción.

Los grupos de Pensar la Vida son espacios de este tipo, donde vamos aprendiendo en conjunto, experimentando, desarrollando y afirmando nuevas formas de relacionarnos, de pensar, de valorar, de sentir y de reaccionar.

Una dificultad principal: el inmediatismo

Como experimentados practicantes de Pensar la Vida, tenemos experiencia de trabajo con “privados” (personas que buscan caminos de buen vivir para su vida personal) y con miembros (dirigentes o no) de organizaciones sociales, empresariales y políticas: personas que buscan herramientas para potenciar el cambio en el seno de su tarea. A nuestro entender, lo que aparece como la principal dificultad de quienes forman parte de organizaciones, a la hora de sostener un proceso de cambio cultural y subjetivo necesario para promover y consolidar las transformaciones organizacionales y sociales a las que apuntan, es el inmediatismo.

El “inmediatismo” consiste en la valoración exclusiva de las exigencias inmediatas, operativas y ligadas a la tarea o el objetivo puntual de la organización. Esto conduce a concentrar el cien por ciento de las fuerzas, la atención y el tiempo de trabajo sólo en ellas -o, en el mejor de los casos, en las herramientas que sirven inmediatamente para tornar esta tarea más eficiente y rendidora-. Todo lo que no “rinda” en lo inmediato, y no se traduzca en una mayor eficacia y eficiencia de la tarea puntual, es desechado como superfluo. Se lo concibe y evalúa como pérdida de tiempo, recursos y energía.

Pero la tarea de cambio cultural, de invención de nuevas formas de vivir y hacer las cosas se compadece mal con la necesidad de que todo lo importante aporte sólo a hacer funcionar exitosamente procesos y tareas que fueron formateadas y definidas en el seno del mundo que tratamos de dejar atrás. Procesos y tareas cuyo desarrollo debe responder, en el corto plazo, a las exigencias y las lógicas de ese mundo.

Es como si una escudería de fórmula uno tratara de ganar la carrera –o el campeonato- y de construir un auto nuevo y mejor con el mismo equipo, en los mismos ámbitos y con los mismos criterios de eficiencia y resultado. ¡Tarea imposible! Para diseñar y construir un auto nuevo y mejor es necesario constituir un espacio a resguardo de las exigencias inmediatas de la competencia y de la eficacia. Y resulta inexcusable dedicarle tiempo, esfuerzo y recursos a esa otra tarea.

Al contrario, empresas como Toyota, Mazda o Dupont mantienen funcionando departamentos de investigación en energía, ingeniera de materiales y ciencia básica, con presupuestos a veces superiores al de algunas de nuestras universidades, cuyas investigaciones no están sujetas a las exigencias del mercado y los balances… ¡Pero que, de tanto en tanto, les permiten innovar y ser vanguardia! Cuando ello ocurre, la inversión resulta ampliamente compensada.

Eso sí: hay que saber esperar y persistir. No confundir el éxito y la eficiencia inmediatos con la búsqueda de resultados innovadores; ni los caminos probados con las sendas, siempre inciertas, que conducen a la innovación.

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Laboratorio de nuevas ideas y actitudes para la vida y la acción