No siempre es necesario un nuevo proyecto

El tránsito hacia el trabajo gozoso no siempre implica conseguir otra ocupación que responda más a mis gustos y a mis intereses existenciales. Quizás en primer lugar debamos estar atentos a la posibilidad de hacer lo mismo que estamos haciendo, pero con una actitud y una mirada más atenta a lo que esta tarea tiene para mí de aquello que estamos sugiriendo buscar: la posibilidad de trabajar en algo que me gusta hacer, y  producir algo que importe en la calidad de vida de mis clientes.

Si tenemos en cuenta que nuestra pre-disposición ante el trabajo se organiza culturalmente desde la perspectiva del resultado económico, y que en nuestra tradición “un buen trabajo” tiene que ver con salario alto y adecuadas condiciones materiales para realizar la tarea, entonces resulta lógico suponer que no hemos aprendido a atender a las otras cuestiones: a nuestro propio gusto por la tarea y al sentido del producto en relación al cuidado de la vida de los otros.

Esto no dice, en principio, que no haya algo de eso en nuestra tarea actual; sólo dice que no miramos ni sentimos demasiado en relación a estas cuestiones, y que en nuestra manera de vivenciar lo que hacemos, no hay nada de eso. Y no lo hay porque no es algo que nos importe, ya que no estamos educados para que eso nos resulte significativo. Y realmente puede ser que no haya nada, pero también puede ser que haya y no lo estemos viendo. También puede ser que potencialmente haya, pero si no estamos atentos a la cuestión y no buscamos el camino, es difícil que el potencial se efectivice.

Así es que lo primero que hay que mirar es allí mismo donde estamos y en lo que estamos trabajando. Replantearnos la manera en que vivimos nuestra actividad productiva activando dos preguntas:

1- La pregunta por lo que nos gusta hacer, destinada a habilitar la producción como un ámbito de goce posible y no sólo de sacrificio necesario.

2- La pregunta por el sentido de lo que producimos, destinada a quitar al resultado económico el carácter de sentido único y animarnos a pensar nuestra actividad como generadora de mayor calidad de vida para nosotros y los otros.

Estas preguntas abren un espacio con vocación de ser llenado por respuestas novedosas, y allí irán apareciendo las sensaciones, el registro de lo que hay y de lo que puede haber. Y también irán apareciendo las primeras “puntas”: comenzaremos primero a fantasear y luego a imaginar, diseñar y proyectar la forma y los caminos para enriquecer la situación existencial productiva en que nos encontramos.

Puede ser que al abrir las preguntas e intentar el cambio de actitud, la persona no logre sino descubrir con mayor claridad que el trabajo que hace no le gusta, y que tampoco le interesa el producto que genera. En esos casos quizás sí haya que pensar en otro proyecto, concebido  a partir de las respuestas a las preguntas anteriores y teniendo en cuenta las condiciones de posibilidad del mundo actual.