Males sociales, males personales

Ese día había estado de mal humor por la situación que estamos viviendo los argentinos. Por la mañana leí los diarios y me dejé impactar más de lo habitual. Luego recibí noticias de gente cercana que se quería ir del país, dos de mis clientes plantearon dificultades para pagar los honorarios y por último mi mujer me comentó que tenía miedo de salir sola por la noche. Mi estado de ánimo iba de mal en peor: sentía miedo, inseguridad, bronca… y no lograba zafar de eso.

A la noche siguiente, ya recompuesto y reflexionando sobre lo sucedido el día anterior, comenté: “Qué impresionante, como se pone uno de mal cuando se cierra el mundo”. Luego de escucharme invertí la idea y dije: “Qué impresionante, como se cierra el mundo cuando uno se pone mal” . Las dos versiones de lo mismo me parecieron válidas y pensé cuán importante es darse cuenta de esta interdependencia entre la realidad exterior/objetiva y la propia realidad interior/subjetiva.

En ese día nefasto yo registraba todo desde el trasfondo de la mala situación del país y sentía que no podía hacer nada. Había sido tomado por el malestar. La problemática me debilitaba, no encontraba la manera de serenarme y menos aún de proponerme acciones para salir de la parálisis. Pero poco a poco recompuse mi capacidad de acción.

Esta experiencia me actualizó la importancia de asumir activamente esta interdependencia entre lo personal y lo comunitario. Pensé entonces que para esto es bueno tener presente que:

1. Todos necesitamos estar atentos para evitar que el malestar social nos debilite.
En la medida en que seamos conscientes del riesgo de ser tragados por el malestar generalizado, seremos más capaces de accionar en defensa de nuestra propia situación y con ello apuntalar las mejorías comunitarias. Si en cambio nos dejamos tomar por el malestar, quedaremos a merced de las circunstancias. 

2. Quien cuida la situación personal desentendiéndose de la situación comunitaria, descuida lo que intenta cuidar.
Los problemas comunitarios ya no nos afectan sólo como injusticias con los pobres, ahora son factores principales del deterioro de la calidad de vida de todos, incluidos los que no tienen problemas económicos. La violencia, la inseguridad, la inestabilidad laboral, el deterioro ético de los vínculos, la “mala onda” que genera la miseria y la desocupación, se infiltran cada día más en nuestras vidas. Por eso es cada día más urgente que todos nos comprometamos en nuestra actividad laboral y en nuestra vida privada con acciones tendientes a transformar esta situación.  

3. El cuidado de lo propio también enriquece lo social – comunitario. 
Todo lo que pasa en la vida de una persona ocurre en la existencia comunitaria y es parte de ella, la afecta en su riqueza al igual que en su pobreza. Una mayor responsabilidad con la propia vida es también una mayor responsabilidad con lo comunitario y viceversa.

De la situación en que nos encontramos hoy no hay salida individual. Y sin embargo las acciones personales responsables son el basamento principal de la transformación necesaria.