Lo que proponemos

La tarea estratégica de generar nuevas formas de ser, de valorar, de relacionarnos, de elaborar conflictos y alianzas, de definir prioridades; en síntesis: la tarea de generar una nueva cultura, orientada hacia el Buen Vivir, nos parece de primordial importancia para quienes queremos encontrar nuevos caminos y participamos de distinto tipo de organizaciones de la sociedad civil, de la producción o de la política. Es también de alto valor agregado, en la medida en que mejora la vida de quienes participan de ella, y aporta al mejoramiento de la vida de quienes los rodean.

Pero es una tarea que requiere dedicación, paciencia, atrevimiento, imaginación y cierta voluntad de exploración, ensayo e innovación en lo vincular y en lo subjetivo. Para acometerla hay que ir más allá de lo que creemos saber y de lo que “se sabe”, hacia territorios desconocidos para todos y por todos, de los que sólo tenemos algunos pocos indicios y anuncios. Nos parece, por eso, que ablandar o poner en cuestión el inmediatismo es una necesidad. Y para ello conviene separar –¡pero no incomunicar!- los espacios de acción inmediata y los espacios de reflexión y reelaboración cultural, vincular y subjetiva.

Es decir, generar espacios grupales de elaboración, reflexión y experimentación que se mantengan a resguardo de las tareas cotidianas. No incomunicados con ellas ni ajenos a los interrogantes y los problemas que éstas plantean, pero abiertos a repensar el sentido y los modos de las mismas, y, sobre todo, la manera en que nos ubicamos subjetivamente en relación con ellas. Espacios, en síntesis, con otros tiempos y otros criterios de resultado, de avance y retroceso, de éxito y fracaso. Es en este sentido que decimos “a resguardo”.

Espacios en los que podamos cuestionarnos, interrogarnos, compartir experiencias, vacilar, inventar, atrevernos, innovar… sin estar sometidos a la presión de lo ya en marcha. Espacios en los que podamos experimentar, en lo personal pero con otros, nuevas formas de conversar, de compartir, de elaborar conflictos y diferencias, de evaluar prioridades, de tomar decisiones. Lo ganado por cada uno en esos espacios, lo ganado en calidad de vida, en términos de sabiduría, de nuevas potencias, pensamientos y actitudes, más acordes con una ética del Buen Vivir y sus prácticas, puede luego ser trasladado a las organizaciones y las redes en las que nos movemos de costumbre. Lo aprendido y generado allí como capacidades y potencias vinculares habitadas por otro sentido de vida, nos habilitará para presentar a quienes nos rodean nuevas propuestas vinculares, de estilo de relación y de objetivos conjuntos. Para invitarlos y convocarlos a esas nuevas formas de sentir, ser y hacer, e incluso para transmitirles herramientas para el cambio.

Es decir, nos habilitará para suscitar nuevas alianzas, que empiecen a realizar el Buen Vivir en nuestras actividades cotidianas, y que vayan ganando espacio al viejo mundo, que se les resiste. Esta es, precisamente, la propuesta, de Pensar la Vida para avanzar hacia el Buen Vivir.

 

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