La utopía de pensar juntos

A mi entender el pensamiento es un mirar el mundo en el que el ser busca su posibilidad más intensa. Yo nunca tuve un pensamiento desinteresado: jamás me motivó el pensar por sí mismo, y dudo que alguien pueda dedicarse a un pensar que no lo involucre. Siempre pensé tratando de mirar adónde estaba parado, procurando encontrar una manera más intensa de estar en la vida. Para mí el pensamiento tiene sentido en tanto herramienta posibilitadora de la apertura y de la aparición de lo distinto en la realidad misma.

Sin embargo, mi forma de jugar el juego del pensar hace que la primera versión de lo que pienso no aparezca en la palabra escrita, sino en la conversada. Necesito la presencia de otro u otros que también busquen pensando para erotizarme con el juego.

Fueron muchos en mi vida los que estuvieron en el lugar de ese otro, con quienes me alié en la búsqueda, a veces acordando, a veces disintiendo, a veces simplemente buscando juntos. Sería larga y seguramente imposible de confeccionar la lista acabada de los interlocutores, pero hay alguien con quien más jugué este pensar-pensarme en los últimos treinta años, alguien con quien lo jugué cotidianamente: Graciela Scolamieri, mi mujer.

No siempre fue sencillo. No lo fue sobre todo al principio, cuando todavía creíamos en la verdad y cada uno peleaba por tenerla, cuando todavía nos asustábamos de lo que se abría y se volvía posible en la apertura. Pero con el tiempo aprendimos a pensar juntos y el juego se afirmó, nos dimos cuenta de que había una mayor intensidad erótica posible en todos los aspectos de la existencia, más allá del ámbito donde la eroticidad es clásicamente vivida: la sexualidad.

Aprendimos a entablar un diálogo que abandonó las verdades y la lucha por imponerlas, y que en cambio abre, posibilita y afirma el juego de cada uno desde sí mismo. Un diálogo que hizo a un lado la discusión, el cuestionamiento del otro y el deseo de tener razón.

También comencé a aprender que a mayor cantidad de zonas de la vida erotizadas, mayor intensidad erótica en cada una de ellas. Graciela fue una aliada importante en la afirmación erótica del juego del pensar, y también en todos los otros juegos. Y esto no es sólo un agradecimiento, es también algo de mi vida que me gusta contar, algo que me muestra como persona al mismo tiempo que muestra un aspecto de lo que me fue posible afirmar.