La paternidad en un mundo abierto al cambio

Ser padres es siempre lo mismo: hacer del niño un integrante de la sociedad en la que ha de vivir. Esto, sin embargo, ocurre de manera diferente en cada época.

No es lo mismo socializar a un niño en la época victoriana de finales del siglo pasado que hacerlo en la Roma Imperial del comienzo de la era cristiana, o en nuestros días. No sólo porque son distintas las ideas y valores existenciales que se les transmiten al chico, sino también porque es diferente la forma de la relación que se mantiene con él. No se trata entonces sólo de pensar qué decirle al niño; es necesario además reflexionar sobre la forma que adoptará nuestra relación con él, y cómo se organizará su vida de todos los días.

Los padres no sólo transmitimos ideas y valores. También inculcamos una manera de estar en el mundo. Pensar cuál es la mejor manera de estar en este planeta requiere tener muy presente las características principales del mundo en el que estamos, y al cual ayudamos a entrar a nuestro hijo.

Desde esta perspectiva es claro que tanto el padre romano, como el victoriano, como nosotros, hacemos lo mismo: ayudamos a nuestro niño a incorporarse al mundo. Pero también es evidente que nuestros decires y haceres son radicalmente diferentes, tan distintos como lo fueron entre sí el mundo del imperio romano, el victoriano de fines del siglo XIX y el nuestro de inicios del XXI.

No es tan clara en cambio la diferencia entre el mundo de hoy y el que nos recibió en nuestra llegada a la Tierra, hace unos treinta o cincuenta años. A primera vista pareciera que todo está en el mismo lugar, que la única diferencia es que hay más de algunas cosas y menos de otras. De ser así, el rol de los padres sólo requeriría de algunos ajustes, pequeños retoques que lo aggiornasen. Básicamente se trataría de ser papás como pudimos aprender a serlo en nuestra experiencia como hijos. Esta es la forma en la que, en un mundo estable, ser aprende a ser padre: siendo hijo.

Pero este no es nuestro caso. Estamos en un mundo que se mueve, y mucho. Nos encontramos en un período de pasaje entre dos eras. Todo ocurre muy rápidamente. El cambio y la novedad es la característica clave de lo que nos ocurre a diario.

La forma de ser padres de nuestros papás y abuelos, fuente naturales y espontáneas de nuestros saberes sobre la paternidad,  no tiene en cuenta el actual estado de cosas.  Por lo tanto no nos sirve repetir sus experiencias, ni simplemente recordarlas. Tenemos que reflexionar y buscar una manera de ser padres que ayude a nuestros hijos a afirmar sus mejores posibilidades de vivir en el mundo de hoy, tal cual es y tal cual se da.