La nueva música del Ser

Nuestra posibilidad de participar en la fiesta del Ser –de agregar más intensidad a nuestra vida y nuestro presente creador—requiere que seamos capaces de escuchar la nueva música de los tiempos que corren. Reclama que nuestro pensamiento sea potente para abrir caminos, inspirados por esos acordes que ya se escuchan desde zonas remotas.

Se trata de percibir y dar forma a aquello que se anuncia como posible en las nuevas condiciones de la realidad. Avanzar con paso firme y consciente por la senda que sugieren nuestras ganas.

Nuestra propia escucha y la posibilidad de dar forma a lo nuevo se fortalecerán en la medida en que transitemos por este camino. La música se volverá más nítida, y nuestro decir más potente. La danza de la vida se hará más intensa, y se incrementarán nuestras chances de habitar con alegría el momento presente.

Cuando vivimos y pensamos atendiendo al mundo que aparece, y a los nuevos sentidos que empiezan a afirmarse, estamos más vivos, nos sentimos más vitales. Pensar no es un acto “espiritual” ni una pura acción intelectual. Se trata de aumentar la propia chance de vivir en un mundo más sagrado y abierto, menos tomado por el sentido utilitario del productivismo.

Pensar es diseñar y poner en acto la nueva práctica existencial que elijamos, tanto en lo personal como en el plano comunitario. En el despligue de nuestra escucha y nuestro pensamiento creador se juega la posibilidad de lograr una mayor intensidad vital, en esta época de crisis estructural y eclosión del mundo productivista.