La nueva era de la amistad

En nuestros días el deseo de dominio dejó de expresar la dimensión sensual más profunda de los seres humanos. Ya no es el vector principal de nuestras fuerzas deseantes, ni de lo que las personas queremos vivir.

Estos son tiempos en que las fuerzas de la amistad afirmarán su juego. Son más potentes y eficaces para organizar nuestro deseo y voluntad, así como para dar cuenta de nuestras necesidades. Pero este espíritu de amistad que amaine y transforme nuestro espíritu de dominio sólo puede florecer desde cada uno de nosotros y en nuestra propia práctica de vivir.

Lo que ocurre es que nos resulta muy difícil encontrar esta otra manera de ser, darle otra forma a nuestros actos y vínculos. No nos satisface el modo en que las cosas están siendo, pero no creemos realmente que puedan cambiar y ser distintas. Aún creemos que las cosas son “así por naturaleza”, y no en tanto pertenecen a un orden cultural determinado y que, por lo tanto, son cambiantes y mutables.

Pero el mundo en su devenir y el tiempo en su desplegarse “mandan a las cosas pasar”, y más allá de la dureza de nuestras creencias, poco a poco el espíritu de los tiempos nos arroja con mayor intensidad en los brazos de otros sentidos organizadores de nuestros deseos y conductas.

Así, desde más allá de las conciencias, se hacen posibles comportamientos humanos que crean nuevas formas de ser y hacer. Esto sucede tanto en la práctica reflexiva del pensamiento como en la práctica operativa con las cosas y las situaciones; ambos aspectos se potencian mutuamente en la unidad que cada uno de nosotros es. Pero además, la práctica operativa de unos potencia la práctica reflexiva de otros, y viceversa.

L o cierto es que hoy las fuerzas de la amistad comienzan a tener más allanado el camino y son cada vez más convocadas a dar forma a las cosas. Creo que hablamos básicamente de esto cuando hacemos referencia a la “nueva era”, aunque en sus estertores las maneras de ser del mundo del dominio utilitario se vuelvan grotescamente presentes y actúen desbordando la conciencia de las personas.