Hacia una nueva concepción de la empresa

En nuestros días la creatividad es demandada como un elemento sustancial de la capacidad productiva de las personas. Ahora bien: el desarrollo de la actitud creadora requiere condiciones existenciales aptas para el goce y el bienestar anímico, espiritual, afectivo y comunicacional. Con lo cual queda claro que, hoy más que nunca, los intereses existenciales de los integrantes de la empresa son también intereses de la compañía.

Pensar desde esta premisa implica hacerse cargo de que la empresa requiere ser concebida al mismo tiempo como la organización colectiva de la práctica productiva y como un ámbito donde las personas afirman el sentido de su vida. Y esta no es una cuestión que surja desde un puro deseo “humanista”: es la consecuencia en el plano empresarial del devenir del mundo en su etapa de consumación tecnológica.

Las condiciones históricas generan también en las empresas un apocamiento del poder dictatorial y determinante que el sentido productivista tuvo sobre la existencia, y provocan la aparición de otros sentidos que reclaman ser atendidos. En el mundo empresario, la culminación de la dictadura del resultado supone la aparición de una “multiplicidad de sentidos”.

Una cosa, un sentimiento o una acción se deja organizar por la dictadura del sentido productivista cuando lo único que le da razón de ser es su utilidad. En cambio, algo tiende hacia la multiplicidad de sentidos cuando comienzan a ser significativos ciertos aspectos que aparecen iluminados por otros sentidos, no utilitarios, más gozosos e inmanentes. En las empresas de hoy empiezan a importar los actos y los instantes vividos por lo que en ellos ocurre, y no sólo por sus resultados posibles.

Creo que las actuales condiciones del mundo (y de la producción) requieren que las empresas atiendan cada vez más a los intereses y el “negocio” existencial de sus integrantes, y que no estén sólo atentas al resultado económico de su actividad. Obviamente esto no significa que no deban atender a los resultados de sus negocios, sino simplemente que allí no se agota su razón de ser.