Favorecer la autonomía de nuestros chicos

¿Cómo podemos pensar la autonomía existencial de nuestros hijos teniendo en cuenta nuestra propia experiencia? Nacimos en una época en que nuestros padres observaban las cosas y las situaciones de la vida en base a creencias y valores que suponían inmutables. Se pensaba que las cosas serían por siempre así, que sólo habría progreso, es decir, más de lo mismo. Fuimos educados en base a verdades y pautas de conducta inmutables a las que se creía aptas para afirmar el buen vivir en cualquier tiempo por venir.

Cuando esos valores dejaron de ser verdaderos o dejaron de tener vigencia social y personal, creímos que nuestra vida se oscurecía, nos sentimos desorientados y debilitados; no estábamos preparados para un mundo cambiante y sin tantas certezas, un mundo que abría cada vez más la pregunta acerca de cómo queríamos vivir, y decía cada vez menos sobre cómo debíamos hacerlo.

Ahora, ya más adentrados en la era del cambio y la incertidumbre, y pensándonos a nosotros mismos en tanto padres, se nos plantea la inquietud de cómo educar a nuestros hijos para este mundo en el que las verdades son cada vez más relativas. Hoy por hoy, las elecciones diferentes ante situaciones similares no necesariamente implican que una de ellas sea buena y la otra mala, es decir, que una sea correcta y la otra equivocada: ambas son elecciones posibles en un mundo más blando y democrático, en el que hay cada vez más lugar para elegir diferencias y menos para aceptar calladamente las homogeneidades impuestas.

Quizás lo primero sea entender que de lo que se trata no es de transmitir verdades sobre cómo las cosas son y cómo se hacen, y más de cultivar en el chico una actitud creativa, una capacidad de autoría, un gusto intenso por la elección del propio juego existencial acompañado de la fuerza de hacerse cargo de la forma de vivir que se elige. Porque también es necesario responsabilizarse por lo que hay de pesado en las decisiones que se toman.

Al subrayar la importancia de potenciar en nuestros hijos su capacidad de autonomía existencial me parece importante destacar dos cuestiones: la capacidad de elegir por sí mismo y la capacidad de hacerse cargo de lo que se elige y de las implicancias de esa elección, que a veces supone esfuerzos y sinsabores.

Con esto llegamos a dos formas por demás frecuentes en nuestra conducta como padres, ambas debilitantes de las posibilidades de afirmación autónoma de nuestros hijos:

1)      El hijo es considerado como un proyecto nuestro en tanto padres, un proyecto que nos continúa y trasciende, y no como una persona en sí misma.

2)      El hijo carga con nuestra sobreprotección, es considerado como un ser débil al que hay que proteger hasta que sea adulto.

En ambos casos equivocamos el camino. En el primero, impidiendo que la propia elección tenga lugar, proyectando en su vida nuestras propias elecciones. En el otro, al no dar lugar a la afirmación de sus fuerzas y de sus posibilidades, exagerando su real necesidad de ser protegido en tanto pichón de hombre o mujer.