El trabajo sensual

En el mundo actual casi no existen vínculos directos entre los productores y los consumidores de las mercancías. El crecimiento del aparato productivo, la distancia entre las fábricas y los clientes, la concentración industrial y urbana, la globalización y las grandes escalas de producción quebrantaron las estructuras de relación ética inmediata entre las dos partes. Hoy sólo queda la cuestión de la calidad en tanto competencia por el mercado, y la ganancia en tanto eje del sentido del trabajo.

Pero al mismo tiempo sucede que la ganancia ya no crea señores ni honores: sólo crea poder. Y el poder ya no otorga sentido a las vidas de las personas: sólo es una estela de lo que les dio sentido.

Descarnado de cualquier significación vital, hoy el poder se muestra grotesco y casi pornográfico. No contiene riqueza sensual: sólo es un cadáver de sentido que nos cuesta soltar y enterrar, para dotar a nuestras existencias de mayor intensidad vital.

En el campo laboral este proceso se observa con gran claridad. Hoy somos muchos los que bregamos por organizar nuestro trabajo desde otro sentido y buscar otro tipo de riqueza en la tarea, aunque el dinero y la ganancia sigan siendo instrumentos necesarios para que funcione el intercambio.

En este tránsito es preciso evitar las ingenuidades de cierto discurso moral de “hacer el bien a otros”, o “hacer las cosas por los demás de manera desinteresada”. Por el contrario: la idea es empezar a atender los intereses propios más profundos y agudizar la mirada en defensa de ellos, al mismo tiempo que quitamos a la economía del rol protagónico para hablar de esos intereses.

Nuestra vida es un constante estar en relación. No existe un adentro impoluto en sí mismo, sino una interioridad recreada y construida permanentemente en el ida y vuelta con el mundo exterior, ya sea con un amigo, un perro, un plato de comida, un hijo, un árbol, nuestra pareja, el trabajo, etc. Por lo tanto no es posible ser mal amigo pero buen padre; tampoco es factible ser buen padre o amigo y al mismo tiempo ser superficial y aprovechador en el trabajo. La riqueza o pobreza de una esfera vincular siempre estará presente en las otras.

Por eso ser y vivir con la mayor intensidad posible es una búsqueda a abordar en todas las dimensiones de la vida. El ámbito laboral ocupa una parte importante de nuestro tiempo cotidiano. Atender cómo somos y qué producimos en él, es una cuestión vital en nuestro propio cuidado existencial.