Dar a luz nuevas formas de ser y de hacer

Quienes trabajamos en tareas que tienen por eje la solidaridad y el cuidado de la vida, nos vemos frecuentemente entorpecidos en nuestro accionar por los arrastres culturales que se originaron en condiciones de posibilidad de la existencia humana que ya fueron históricamente superadas. Ese estadio de evolución requirió formas de ser y actuar de las personas que perduran hoy en nuestras maneras de ser y de hacer. Estas formas de ser aún determinan las maneras en que somos y hacemos, aunque ya vivimos en el seno de otras condiciones de posibilidad, que nos demandan y nos posibilitan nuevas y diferentes formas de ser, de hacer y de vivir.

Esas dificultades se nos presentan en tres niveles de nuestra experiencia, diversos pero que se entrelazan: la vida privada, la actividad laboral y la coexistencia social.

El avance de la crisis civilizatoria en que nos encontramos hace cada día más apremiante implementar caminos de cambios personales y organizacionales que nos fortalezcan en aras de una mayor potencia creadora y un mayor bienestar personal y social.

Lo que dificulta o debilita nuestra capacidad de crear nuevas formas de ser nosotros mismos y del mundo en que vivimos, tiene que ver con la cosmovisión que organizaba la realidad en la que fuimos educados. Se trata de valores que aún dominan en gran parte de nuestras actitudes y emociones y que al mismo tiempo ya no nos satisface. La manera en que aún somos y lo que ya deseamos, apuntan en direcciones diferentes. Ambas coexisten en nuestras conductas y búsquedas.

Los viejos paradigmas nos dificultan dar a luz nuevas actitudes. Muchas veces lo viejo “nos lleva puestos…” Así es como, cuando se trata de gestar actitudes y acciones solidarias, se hacen presentes viejos hábitos en nuestras maneras de ser y de hacer que nos hacen sentir y actuar desde el dominio, la importancia personal y la repetición de lo ya sabido.

Entre lo viejo que aprendimos y lo nuevo que queremos hay contradicción. En nosotros existe hoy una fuerte “pulseada” entre fuerzas de sentido (que son también paradigmas organizantes de nuestras maneras de sentir y actuar), que divergen.

Nuevas fuerzas de sentido tratan de venir al mundo a través nuestro, nos motivan a nuevas maneras de vivir, de hacer lo que hacemos y de relacionarnos con los demás. Son ellas las que nos llaman a la solidaridad y al cuidado de la vida: al amor y al disfrute de lo cotidiano.

Los viejos paradigmas se resisten a morir y, a través nuestro, reproducen el mundo de la utilidad y el dominio,donde todo, incluso la vida humana, aparece como recurso útil o instrumento para “algo”, y no como un fin en sí y para sí.

Esto nos ocurre en todas las prácticas sociales y resiste en nuestro propio “mundo interior”. Es sobre todo allí donde lo viejo insiste en perdurar.

Quienes elegimos generar nuevos caminos para nuestra existencia y para el mundo, necesitamos herramientas que nos hagan más posible actuar desde los nuevos paradigmas. Se trata de sentir, pensar y actuar teniendo presente las actuales condiciones de posibilidad y darles cada vez mayor poder y presencia a nuestros deseos más auténticos y a la construcción de nuevos paradigmas organizadores de nuestras acciones.

Para esto es necesario:
• detenernos a reflexionar,
• aprender a escucharnos y expresarnos
• atrevernos a crear.

Necesitamos capacitarnos para ser pro-activos y ejercer la responsabilidad creadora desde nuestra propia experiencia.

Necesitamos poner a disposición de la mayor cantidad de personas que sea posible, herramientas conceptuales y vinculares para potenciar en todos la libertad creadora.

Eso irá haciendo posible que la disposición y el poder de crear, compartir y cuidar sean ampliados y trasmitidos, logrando que aparezcan nuevas prácticas, en las que se fortalezcan formas de ser y hacer que estén más en línea con las condiciones de posibilidad ya logradas por la humanidad y con los nuevos sentidos que surgen de esas nuevas condiciones.

Desde allí se irán gestando:
• una nueva subjetividad (forma de ser de las personas)
• una socialidad más amorosa y, en consecuencia,
• una realidad cada vez más centrada en la solidaridad, el amor y el cuidado de la vida.

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