Construir el futuro aquí y ahora

El mandato de “ser alguien” según los designios del sistema productivista y la persecución permanente de la “zanahoria del poder” nos ha conducido, a la mayoría de los seres humanos de esta era, a desvalorizar el presente: casi todos tenemos grandes dificultades para vivir intensamente el aquí y ahora.

Últimamente se está advirtiendo una reacción igualmente dañina, pero de signo contrario: algunas personas pretenden vivir en lo absolutamente inmediato, sin considerar que sus acciones presentes también tendrán consecuencias sobre su futuro, y que si es bueno vivir en el presente y disfrutar de él, ésto sólo será posible en la medida en que nos ocupemos de las condiciones para perdurar en la vida.

A mi entender el hecho de vivir gozosamente cada momento implica recrear constantemente sus condiciones de posibilidad. Dicho de otro modo: se trata de crear nuestra vida en el aquí y ahora y gozar de ese ejercicio, y no de consumirla como si tratara de un objeto.

Una vida dedicada a la inmediatez de la realización de nuestros caprichos es una vida usada como objeto de placer; esta es precisamente la forma del disfrute que permite y ordena el productivismo. Una vida dedicada a hacerse feliz y vivir plenamente, en cambio, no rehuye sus partes de dolor y esfuerzo; no es una vida “usada para”, sino una vida “amada como” lo que somos, cuidada y valorada como el don principal que nos fue concedido. Festejarla y desplegarla con intensidad, en el presente, es lo que concibo como felicidad.

Asumir críticamente que vivimos en función de la realización de proyectos futuros, o caemos en el nihilismo del placer consumista, frenético e instantáneo, es comenzar a ver que nuestro presente no logra espesor ni brillantez por sí mismo, sino sólo en la medida en que es eficaz para el desarrollo de una meta que siempre se escapa; es tomar conciencia de este núcleo alienado de nuestra forma de ser y comenzar a abrir un rico campo de posibilidades existenciales.

En la medida en que revisemos este condicionamiento, podremos plantear nuestros propios interrogantes por el sentido de lo que estamos viviendo y por la forma en la que lo hacemos: esto nos permitirá construir nuevos espacios de libertad y elegir maneras más vitales de existir.

De lo que se trata es de comenzar a ver la vida exactamente allí donde está transcurriendo; de empezar a quitar la mirada del eterno mañana y poder enfocarla, aunque sea parcialmente, en el tiempo de vida que efectivamente ocurre: el presente. Esto nos permitirá descubrir riquezas impensadas donde no las veíamos, abrirá nuestra percepción y experiencia y nos habilitará para pensar, sentir y crear posibilidades antes inimaginables.