Cómo superar el miedo a los cambios

¿Por qué será que tenemos tanto miedo a los cambios? Pienso que nos atemorizan porque fuimos educados para creer que se trata de algo peligroso. En el mundo del progreso estable de la era industrial, eran necesarias la firmeza y la estabilidad de lo aprendido, se requerían creencias férreas y saber defender su permanencia, había que perseverar y continuar en lo mismo pues el mundo insistía en estar allí y ser de tal o cual modo.

Así fuimos educados, y por eso solemos sentir la invitación al cambio como un ataque a la seguridad y a lo conocido, una traición a la tradición y un peligro.

En ese contexto lo prioritario era saber discutir, argumentar y defender ciertas creencias que se vivían como verdades eternas. En el mundo cambiante de la era tecnológica, por el contrario, la velocidad del cambio requiere rapidez en el aprendizaje y en la recreación de lo dado. No podemos perder el tiempo en discusiones desde posiciones duras y cerradas; son inútiles y sólo logran atascarnos en la defensa de creencias y valores que ya perdieron validez. Hacen más pantanoso el camino y debilitan las posibilidades de nuestra acción para afirmarnos en la realidad cambiante. Es urgente aprender a pensar e intercambiar con otros. No más discutir, pero sí, cada vez más, conversar e intercambiar, porque nos ayuda a buscar y crear y porque es el camino para el encuentro y el acuerdo con los otros.

Si en el escenario previo a la revolución tecnológica los cambios estaban bajo sospecha de irreales o utópicos, hoy debe ser sospechado de irreal, inoperante e “idealista” todo aquello que dificulta el fluir del cambio.

Aprender a pensar “en abierto” y potenciar las posibilidades de crear es y será el principal elemento distintivo de la capacidad de vivir y producir de las personas y las empresas.

Aprender a pensar y crear quiere decir aprender a vivir, estar y hacer en condiciones cambiantes. No se trata sólo de aprender saberes desconocidos aún y operar en consecuencia, sino de ponerse en actitud de elaborar saberes nuevos, de pensar lo aún no pensado, percibir desde otros sentidos e imaginar lo aún no imaginado. E intentar llevarlo a la práctica.

Esta es una tarea de la sensibilidad y la fantasía, pero también de la valentía y la libertad, entendidas como sostenes de la acción autónoma y responsable de sí misma.