Cómo evitar el divorcio

Vivir el amor, recreándolo. 

Desde hace unas cuatro décadas las separaciones matrimoniales son cada vez más frecuentes. Esto dice de la crisis en que se encuentra la institución del matrimonio, tal como se lo practicó en tiempos anteriores. Los deseos de vivir una experiencia más rica e intensa en el plano amoroso-erótico, generan dudas en ambos miembros. La mayor libertad cultural, posibilitadora de que las personas nos animemos a hacer cambios, la caída de los mandatos y de la vocación de sacrificio también aportan lo suyo. Y así es como la tasa de divorcios continúa en aumento… Ante esto no se trata de asumir la defensa de la unión eterna, sino de reflexionar sobre lo que está pasando, lo que queremos que nos pase y los cambios necesarios para lograrlo.

En las últimas décadas una transformación de las expectativas amorosas se fue instalando en nuestro imaginario social con cada vez mayor presencia y significación. En la actualidad la mayoría de las personas deseamos una vida amorosa más plena y reivindicamos esa posibilidad para nuestras prácticas cotidianas. En la medida que este proceso de cambio de valores ocurre, la crisis del matrimonio tradicional se profundiza. El matrimonio que tradicionalmente conocimos no se proponía como marco de una alianza amorosa erótica, sino que se concebía como una asociación cuyo sentido principal se centró en la fundación de la familia y la procreación. Esto puso en segundo plano las razones emocionales y sensuales por las cuales una mujer y un hombre se emparejan: el amor y el erotismo. Puede decirse que el siglo XX dio a luz al matrimonio “por amor”, pero no se ocupó de promover prácticas que alimenten la relación amorosa en la pareja. Para decirlo con un ejemplo muy cercano: la seducción forma parte de las costumbres del noviazgo -una etapa en la que cada uno dedica tiempo a la pareja, y se afana por “enamorar” al otro-, pero no del matrimonio. Así no era de extrañar que, una vez casados, el amor y el erotismo comiencen un proceso de desgaste, que la intensidad disminuya y que el entusiasmo se vaya evaporando.

Este es el eje de la crisis actual del matrimonio: hemos comenzado a jerarquizar el deseo de una alianza amorosa activa y demandamos una experiencia erótica más plena en la pareja. El nuevo tipo de relación que deseamos, podría definirse con la expresión general de “pareja amorosa”, o “un matrimonio atento al juego del amor”.

Ahora es necesario que seamos capaces de crear formas de vivir cotidianamente que acrecienten la experiencia amoroso-erótica. Para abordar esto sugiero tener presente tres pilares: * La aceptación y respeto de la singularidad de cada cual. * Un compromiso explícito y activo de enriquecer las situaciones amorosas y eróticas. * La alianza como base del vínculo. El grado en que esta experiencia se haga posible en nuestras vidas, depende del compromiso que cada uno tome con su cultivo.

 

LO QUE NECESITAMOS TRANSAFORMAR

Intentaré resumir algunos aspectos principales de lo que creo necesario atender, cuestiones claves para el logro de transformaciones personales y vinculares en el sentido que sugiero:

•  Buscar juntos el sentido de la existencia .

Los ejes existenciales que definen la fuerza de ser de una pareja son dos: el sentido de la vida y el erotismo de los cuerpos y los corazones. Compartir el sentido y la perspectiva desde la que cada uno aborda su existencia, es la base de la alianza espiritual-ideológica que constituye una pareja. En una época en que el sentido de la vida está abierto a nuevas configuraciones, afrontar esa búsqueda en dialogo con el otro es de importancia principal para acompasarse y asociarse en la vida.

•  Activar la seducción

La seducción es la invitación a establecer cercanías y encuentros profundos de cuerpo y alma. En las prácticas del matrimonio tradicional solía brillar por su ausencia. En la actualidad, en la medida en que la experiencia amorosa-erótica comienza a ser un aspecto clave de la convivencia, su ausencia es un déficit grave. Se trata de recrear nuestras maneras de compartir la cotidianidad, de inventar situaciones que la iluminen y eroticen. Es preciso que nos interroguemos sobre nuestras actitudes en este campo, y generemos instancias que abonen el erotismo

•  Redescubrirnos

Cada encuentro amoroso puede ser, en algún grado, novedoso. Necesitamos aprender a ver al otro en su presencia plena de cada momento. Esa presencia es la que nos enamoró y la que dejamos de ver al darnos por conocidos y sabidos el uno al otro. Las personas no somos siempre las la continuidad obvia de lo mismo. El vivir nos transforma y cambia la manera en que somos con y para el otro (ese “otro” incluye a nuestra pareja).

•  Pensar juntos lo que deseamos vivir como pareja.

En tiempos en que las formas del emparejamiento no dan cuenta de nuestros deseos, en que se aflojan los mandatos y lo estatuido pierde fuerza, comenzamos a ser responsables de elegir la manera en que queremos vivir. El camino comienza en un diálogo en el que ambos traten de enunciar sus propios deseos y al mismo tiempo inviten al otro a la aventura conjunta de búsqueda y construcción: ¿Cómo quiero que vivamos nuestra experiencia amorosa? ¿Qué tipo de diálogo y qué valores vinculares sintonizan más con mis ganas? ¿Qué espacios quiero que pertenezcan a lo propio de cada uno y cuales definen lo “nuestro”? Es una búsqueda en alianza en la que se pueden desplegar las expectativas de cada uno a modo de invitación y sin exigencias al otro, como propuestas que se van entretejiendo y con un estilo abierto a cambios y a nuevos deseos.

•  Respetar lo singular y cuidarse de lo posesivo.

En la pareja somos aliados, no somos una unidad. No tener en cuenta la diferencia entre “fusión” y “alianza” suele ser de alto riesgo para el amor. Lo que nos seduce, y a quien amamos, es un otro, no una extensión de nosotros mismo. Esa extensión de mi, o ese otro apropiado, se des-erotiza en el grado en que lo voy atrapando en ese formato. En este sentido nuestra tradición está anclada en la figura de la “media naranja”, una fábula del “amor romántico” que invita a la fusión total como expresión mayor del amor, e impide que cada uno pueda pensarse como persona autónoma. Este camino genera necesidad de control y apropiación del otro, acarrea conflictos y deserotiza el vínculo.

•  La alianza y el cuidado del otro

El matrimonio tradicional estaba atravesado por el intento de control de uno sobre el otro. La pareja amorosa, en cambio, es la constitución de una alianza en relación a las cuestiones comunes y tambien a las propias de cada uno. El eje de esta alianza es compartir el atento cultivo del vinculo amoroso y al mismo tiempo ayudarse en la afirmación de la libertad y la realización de cada cual. El cuidado del otro es el límite de esa libertad individual.

•  Dedicar tiempo y energía al amor.

La pareja amorosa requiere de “inversión” de tiempo y energía en estrategias y acciones voluntarias y concientes. Será un proceso de recreación del sentido y de las prácticas de la pareja. No será el resultado de un devenir simplemente deseado, sino de un cultivo atento a las posibilidades y que irá potenciando la imaginación y la creatividad, al mismo tiempo que desplegando estados de ánimo y formas vinculares cada vez más aptas para el amor.

 

LA AVENTURA DE REDISEÑAR LAS FORMAS

De lo que se trata es de encontrar maneras de vivir la pareja que afirmen la intensidad de la alianza, el erotismo y la alegría. Seguramente no encontremos modelos para imitar, y tengamos que construir las respuestas desde nuestras propias ganas.

Si bien la forma de lo nuevo todavía está en las tinieblas del amanecer y aún no es posible precisar sus contornos, no creo que se presente como un nuevo camino uniforme, sino más bien como distintas formas posibles del amor, que se validarán a sí mismas por la intensidad, la alegría y el goce que conlleven en la experiencia de quienes las practiquen.

Proponemos una aventura plena de posibilidades. Hoy en día somos muchos los que deseamos nuevas formas del amor, pero no sabemos nada de ellas y por eso no las creemos posibles. Esa es la trampa que debemos desarmar: se trata de crearlas. Necesitamos aceptar que el amor (como muchas otras cuestiones en nuestro presente) está en estado de re-invención y que ese es un desafío a nuestra creatividad. En la medida que abordemos las situaciones con creatividad y libertad interior, tenemos mucho por ganar…

Por último creo que este cambio de perspectiva le aportará a las parejas que atraviesan dificultades una oportunidad para recrearse y desarrollar una rica variedad de acuerdos y prácticas renovadas. E n la medida que avancemos por esta senda se harán evitables muchas separaciones que muchas veces son respuestas impotentes ante las dificultades que arrastramos desde las viejas formas.