Argentina necesita que nos escuchemos

La argentina necesita, y también los argentinos necesitamos, poder hablar y reflexionar sobre las cuestiones sociales, políticas y existenciales de la nación que somos. Urge para nosotros aprender a confrontar menos y conversar más.

Hoy nuestra conversación está obstruida por los modelos discursivos y actitudinales que se generan en los centros de poder. La polémica se ha convertido en pura pelea y la discusión es pura descalificación del contrario. No hay argumentos sino denuncias y acusaciones. Los políticos han dejado de intentar mostrar cuan buenos son sus proyectos y están ocupados en convencernos de lo malo que son sus opositores.

calidaddevidaNingún kirchnerista puede suponer íntimamente que todas las criticas de la oposición son falaces, tampoco ninguno opositor puede negar la positividad de ciertas acciones y programas desarrollados por el gobierno. Pero “de eso no se habla…”. Atender o valorar algo dicho por otro sería como darles la razón en todo…

De esta situación son tan responsables tanto el gobierno como la oposición. El gobierno porque su manera de hacer política y de gobernar es verticalista, “pechadora” y poco atenta a generar nuevas conciencias y responsabilidades en la ciudadanía. La oposición porque invierte toda su energía en descalificar al gobierno, no piensa ni ayuda a pensar mejores políticas que la que el gobierno ejerce. Y la política toda por ser, cada vez más, mera lucha por los privilegios del poder.

Pero no se trata sólo de cómo actúan los políticos. Estos modelos infectan las conductas de la sociedad. Hay muchas ruedas de amigos en las que el temor al conflicto silencia el tema político, mesas familiares en las que se evita el tema… “mejor no hablar porque nos peleamos….”.

Es así como los discursos y las conductas sectarias y belicosas van limitando nuestras maneras de conversar y pensar con otros. De esa manera y cada vez más los argentinos perdemos perspectiva ética-social. Unos ocupados en defender los beneficios que trae el poder y otros para reducirnos a nuestra esfera privada sin atender a lo que la vida pública necesita de nosotros. Necesitamos ampliar la mirada y la atención desde lo más propio a las cuestiones que, en tanto sociales, son también de otros y de todos.

Aunque no se trata de quitar responsabilidad a nadie, no es bueno cerrar los ojos al hecho de que esta crisis en lo ético y el desinterés por lo social-político, se da en muchos otros países sin excluir a los más ricos ni a los más pobres. Y esto ocurre porque la humanidad toda transita el final de una era ordenada por saberes ya perimidos y se adentra en otra que anuncia transformaciones muy profundas pero de cuyas estrategias y concreciones no sabemos. Eso, lo que no sabemos, es justamente lo que hace más urgente poder conversar y pensar juntos.

Las crisis, como las tormentas, oscurecen el horizonte. Todo se ve apenas, como al inicio del alba. Tenemos que sutilizar la mirada y animarnos a usar la imaginación creadora para que las posibilidades de lo nuevo se perfilen y se conviertan en proyectos estratégicos y acciones operativas. Esto requiere no invertir tanta energía en la descalificación del otro, y sí apostar a que la escucha y el dialogo más abierto irá abriendo una conversación y un intercambio en donde los intereses de cada uno y de todos encuentren nuevas maneras de satisfacerse.

Sé que para muchos esto será una manera ingenua y angelical de pensar lo social y la política. Sin dudas que no es lo mismo reflexionar sobre cómo sería bueno que sean las cosas que “meter las manos en el barro”. Los caminos serán sinuosos y plagados de encrucijadas contradictorias. Habrá necesidad de crear nuevas maneras y también de negociar con los límites de lo posible en cada situación.

Pero lo que importa entender es que lo que estamos planteando es un aspecto fundamental para las perspectivas estratégicas de este nuevo presente. Necesitamos escucharnos, hablar y reconocernos como integrantes de la nación argentina. Y necesitamos crear en nuestro contexto (el de cada uno y el del país) un ambiente convivencial en el que sea posible vivir mejor y también proyectar un país mejor.

¿SERÁ este un aspecto conductual e ideológico de los candidatos a tener en cuenta a la hora de votar en noviembre?

¿SERÁ posible además que “los ciudadanos de a pie” nos responsabilicemos de ejercer pequeñas e infinitas acciones en nuestro contexto inmediato (familias, amigos, empresas, clubes, sindicatos, escuelas…) para comenzar a transitar desde la base del tejido social el cambio que necesitamos como nación y como personas?

Leopoldo Kohon

P.D.  Seria bueno que circulemos comentarios, desacuerdos, acuerdos, criticas  y demás agregados que nos ayuden a todos en el intento de cambiar esta situación que nos maltrata y paraliza a todos.