Algunas observaciones

Ahora bien, ¿qué determina esta debilidad estructural y constante tendencia al estancamiento de las organizaciones y de la articulación pluralista y horizontal de alianzas? ¿Por qué es tan difícil actuar colectivamente; juntarnos entre diferentes; privilegiar lo común; entendernos y acordar; superar nuestros distanciamientos y articular nuestras diversas prioridades?

Primera observación: fuimos hechos para un cierto mundo

Tanto nuestros modos de hacer las cosas (de trabajar, relacionarnos, organizarnos, gerenciar, evaluar el éxito y el fracaso, conducir y ser conducidos), como nuestros rasgos de carácter, nuestros hábitos, nuestras reacciones, nuestras actitudes, nuestra manera espontánea de ser, sentir y hacer, fueron formados y consolidados en el seno del mundo que decimos querer modificar y ¡para ese mundo!

Es decir: fuimos “criados”, educados, constituidos ¡y evaluados! para competir, mandar y obedecer, saber y tener razón, tener éxitos sobre otros y apropiarnos de las ventajas que nos corresponden por eso. Fuimos educados, constituidos y evaluados para privilegiar nuestros objetivos personales por sobre cualquier objetivo común, así como el éxito de corto plazo por sobre las construcciones de mediano y largo plazo. Y para colmo, fuimos educados, constituidos y evaluados para creer que esta manera de ser es producto de la naturaleza humana, invariable, inmodificable.

Segunda observación: la transformación personal es civilizatoria

Pero, si fuimos educados, constituidos y evaluados por y para el tipo de vida y de sociedad que queremos modificar, tenemos que concluir que nuestros modos espontáneos de hacer las cosas, de relacionarnos, de valorar y de ser no son “naturales”, y que reproducen –aunque no lo queramos- los modos de la sociedad y el modo de vida que decimos querer cambiar, porque fueron diseñados y constituidos precisamente para reproducir ese modo de vida y esa sociedad.

De aquí se sale una primera indicación, de esencial importancia: para lograr nuestro propósito transformador no sólo tenemos que ocuparnos de modificar nuestros objetivos concretos (por ejemplo, como hacen algunos, construir colaboración solidaria con los más desfavorecidos en lugar de acumular dinero); no sólo tenemos que revisar nuestros modelos organizativos (por ejemplo, tratando de abandonar los modelos verticales y jerárquicos en pos de otros, más horizontales y participativos), sino que, para que todo esto pueda realmente funcionar y crecer hacia otra forma de ser de lo humano, tenemos que iniciar y sostener un proceso de auto-transformación subjetiva, personal. Transformarnos en personas que en lugar de reproducir espontánea e inadvertidamente el mundo del que provienen, podamos ir inventando y poniendo en práctica uno nuevo y diferente, desconocido.

Tenemos que trabajar para ir cambiando nosotros mismos: nuestras formas de reaccionar, valorar, relacionarnos, reconocernos y valorarnos, y también nuestra forma de hacer las cosas. De manera de tornarnos aptos para inventar, promover y consolidar las nuevas formas y modos, en lugar de reproducir las antiguas.

Tercera observación: lo de cada uno es con otros

Tengamos en cuenta, sin embargo, que fuimos cobrando forma, nos hicimos lo que somos y como somos, en contacto y en trato con otros, para un cierto tipo de vida y de mundo, organizado por ciertos valores, principios y prioridades, a lo largo de un prolongado proceso de “aprendizaje” y maduración. Esto fue una larga práctica de o´5r, ver y comenzar a ser de una determinada manera. Siendo así, es lógico pensar que no lograremos auto-transformarnos de un día para el otro. Tampoco podremos hacerlo solos, en el aislamiento y la soledad de nuestro “mundo interior”. El proceso será personal, esto es claro, y sin duda empezará, se iniciará –seguramente ya se inició- en el seno más íntimo de cada cual. Pero sólo podrá desplegarse, tomar forma y desarrollarse, en el trato con otros seres humanos, en la interacción con otras personas.

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