A amar también se aprende

Edward de Bono dijo alguna vez: “Todo el mundo está dispuesto a aprender un oficio, pero nadie está dispuesto a aprender a vivir”. Esto es muy cierto y funciona como una limitación muy grande en el acceso de mucha gente a una mejor calidad de vida.

Creo que lo que pensamos aprendible y estamos dispuestos a aprender siempre refiere a las funciones que debemos cumplir, a lo que sirve para algo útil. No pensamos lo mismo en relación con los goces a los que podemos acceder. Éstos quedan generalmente a merced de la espontaneidad de los instintos, en un aprendizaje muy lento que se genera en una experiencia callada que no atendemos ni valoramos.

No nos enseñaron a paladear la comida, ni nos enseñaron a conversar para conectarnos profundamente con otros. No nos dijeron casi nada acerca de las prácticas del goce. Y en lo que respecta al amor erótico, no nos enseñaron absolutamente nada, a tal punto que nos hicieron creer que en este terreno no hay nada que saber, o que deberíamos saberlo todo por el solo hecho de estar vivos y tener pulsión sexual.

Muchos recordamos nuestros años de adolescentes, cuando escondíamos nuestro desconocimiento del amor porque mostrarlo nos ponía en el lugar de los tontos. Aún hoy nos quedan suficientes resabios de eso como para que no hablemos de estas cosas, como para que no podamos aliarnos con otras personas en la pregunta y la búsqueda. El amor, el erotismo, el sexo, todo esto quedó culturalmente instalado en una zona de la experiencia en la que no nos sentimos responsables de nuestras propias limitaciones y pobrezas. En estos asuntos parecería que “uno es como es…”, y no nos hacemos cargo de explorar nuestras posibilidades, tenuemente señaladas en nuestro deseo.

Me parece que es tiempo de comprender que, en tanto que es una práctica humana, el amor erótico puede ejercerse de manera elemental y primaria, o en formas más elaboradas y gustosas. Y también es tiempo de ver que necesitamos hablar con otros para enriquecer nuestras posibilidades, que necesitamos escuchar y saber de las experiencias de otros. Necesitamos intercambiar ideas que nos ayuden a reinventar nuestra forma de amar. Precisamos aliarnos con otros para ponernos en estado más franco y abierto de búsqueda, para potenciar nuestra propia capacidad de explorar y crear.