20 ideas claves en mi metodología de trabajo

  1. La vida es la resultante de fuerzas de sentido en relación. La actual crisis del productivismo utilitario da lugar a la aparición de  otros sentidos. Ese cambio en la relación de fuerzas de los sentidos pre-dispone mutaciones en la subjetividad. Mientras las conductas orientadas por el paradigma que organiza nuestra cultura -esto es, el sentido de utilidad y dominio- se vuelven contrarias a la vida, lo humano comienza a ser requerido por maneras más amistosas de ser, en alianza con los otros y con lo otro. Las palabras amistad y amor connotan manifestaciones de un nuevo ordenamiento de sentido que pugna por emerger. Esto ocurre aunque los estertores del dominio productivista parezcan negarlo: se muestra en las mutaciones de la sensualidad, y necesitamos plasmarlo en nuestra manera de ser y vivir.
  2. Cada quien necesita registrar las determinaciones del utilitarismo-productivista en su experiencia. No sirve sólo pensarlo como característica sociocultural. Su presencia organizadora vuelve instrumental la vida de cada cual. Desde su hegemonía sentimos que somos en la medida que somos útiles, y en el grado en que dominamos o controlamos lo que existe. Vivimos de tal manera que los momentos no tienen sentido por sí mismos, sino que buscan su sentido en un resultado. Este espíritu da forma a la manera en que amamos, trabajamos, criamos hijos, habitamos el tiempo… Verlo en acto en cada situación potencia el enriquecimiento existencial.
  3. Propongo un proceso transformador con una dinámica de crecimiento autosostenida. Dar un paso significa generar una situación de mayor riqueza existencial y, al mismo tiempo, afirmar la posibilidad de dar otro paso. Los pasos sucesivos son sólo ejecutables en tanto se genera una nueva situación que los hace posibles. El final de la asistencia llega cuando el consultante adquiere el suficiente grado de autonomía como para continuar el proceso por sí mismo.
  4. El espíritu de la mayéutica organiza mi acción. Entiendo la práctica como “ayudar a otro a pensar-pensarse”; asistirlo en la tarea de descubrir su verdad, asumirse como creador en su vida y como co-creador del mundo que habita. Esto implica que no hay consejos ni verdades preconcebidas, sólo herramientas y senderos del pensar creador. Las principales herramientas filosóficas van siendo enunciadas-trasmitidas en el devenir de la tarea, fortaleciendo la posibilidad de que el consultante “ponga al Mundo en estado abierto”, y a sí mismo en la posición de co-creador de ese mundo.
  5. Desarrollo mi tarea básicamente en dos encuadres: entrevistas individuales y reuniones grupales, con frecuencia semanal y con un número no superior a ocho participantes.
  6. La conversación es la herramienta principal. A través de ella se generan y conservan tanto las creencias como las costumbres; y también se transforman y recrean. En la conversación la palabra a veces repite, a veces crea, pero siempre teje y colorea una manera de ser de las cosas. Hoy necesitamos participar con protagonismo en esa conversación creadora. Debe ocurrir en la consulta y también debemos ayudar al consultante a lograrlo en su vida cotidiana.
  7. Propongo la tarea como una larga conversación que parte, cada vez, de las experiencias concretas de quienes me consultan: la relación con un hijo, una coyuntura laboral, su relación de pareja, sus maneras de hacer el amor… A veces se trata de problemas, otras de deseos que interrogan sobre su camino para hacerse realidad. En esa conversación las herramientas filosóficas se van entretejiendo con reflexiones introspectivas (las que buscan el deseo auténtico de quien se piensa, sus potencias y debilidades) y también reflexiones operativas (las que se proponen diseñar acciones generadoras en función de lo nuevo).
  8. Cada proceso transformador es radicalmente singular y al mismo tiempo está entrelazado con lo colectivo. Nuestra forma de ser y vivir está constituida no sólo desde nuestra propia historia personal, sino también desde la historia social compartida.
  9. La subjetividad se construye en la práctica de vivir; allí también puede reconstruirse. Los cambios no se decretan desde el deseo, ni desde la comprensión inteligente: se construyen en las prácticas cotidianas. Se trata entonces de diseñar y ejercer acciones transformadoras en nuestra experiencia concreta. Esto irá tejiendo en cada uno nuevas maneras de ser y vivir.
  10. Somos  ineptos, o muy débiles, para habitar la vida en tanto fiesta, para vivir con presencia plena cada momento presente. Apenas si utilizamos nuestra creatividad  para el goce. Sólo concebimos el esfuerzo aplicado en lo útil. Vivimos el amor, la alegría, la felicidad, como algo que  nos ocurre en virtud de la buena suerte. Muy poco sabemos de su cultivo con actitudes y acciones en las que es necesario invertir tiempo y energía.
  11. La responsabilidad para con el cuidado de la propia vida es un aprendizaje primordial. Ni la crítica de la cultura, ni la sabiduría de otro, hará la tarea.
  12. La idea de finitud y la conciencia de la propia muerte nos activan y potencian las acciones para cuidar y enriquecer nuestra existencia.
  13. Cada uno necesita ver, en sus deseos más propios, señales orientadoras. En ellos se nos muestra el espíritu del mundo que intenta emerger. Allí pulsan posibilidades de acciones no ejercidas para vivir más atentos al bienestar y al goce. También maneras más amorosas-amistosas de relacionarnos con los otros y con las cosas.
  14. Cada quien necesita autorizarse a crear nuevas formas de vivir. Nuevas maneras de ser padres, de hacer el amor, de conversar y estar con otros. Nuevas formas de trabajar, de relacionarse con el tiempo, etc.
  15. La tarea debe incluir el qué y el cómo de las acciones. La acción transformadora no devendrá espontáneamente de la reflexión. Como en otros ámbitos de nuestro hacer generador, será necesaria una intención voluntaria y consciente.
  16. Las estrategias y acciones deben atender a las condiciones de posibilidad. Esto refiere tanto a las condiciones objetivas (contexto, tiempo, relaciones, dinero, etc.), como a las subjetivas (experiencia, estado de ánimo, grado de motivación actual, coraje, etc.) Los objetivos alcanzables son los que se plantean de acuerdo con las condiciones de posibilidad de cada momento y por eso son también los que indican el camino.
  17. Siempre que dos fuerzas se enfrentan, el incremento de una implica el debilitamiento de la otra, y viceversa. Lo mismo ocurre  con los sentidos: permanentemente se recrea la relación de fuerzas entre lo instituido y lo instituyente. Esto es clave en el diseño de acciones transformadoras de la vida.
  18. Cultivar las alianzas es de importancia primordial. La posibilidad de afirmar nuevos sentidos y formas de vivir depende en gran parte de la presencia de aliados en el contexto vincular. Otros que acepten, valoren y compartan esta búsqueda. Esos aliados potenciales no son “otros” en abstracto; son concretos y pueden ser invitados a la búsqueda. Se trata de la pareja, hijos, padres, amigos, compañeros de trabajo… Ampliar y profundizar las alianzas es acrecentar las propias posibilidades.
  19. Aprender a pensar juntos. Habitualmente no pensamos con los otros. Hablamos en actitud de discusión, argumentando en defensa de posiciones ya tomadas, y nos importa demasiado “tener razón”. Necesitamos aprender a  intimar, cuestionarnos y proyectarnos en libertad ante otros, suponiéndolos aliados y no jueces críticos de nuestras acciones, pensamientos y deseos. Cuando enunciamos nuestras ideas a otros, van tomando forma y se vuelven más potentes para actuar en cada situación. Cuando aprendemos a escuchar al otro enriquecemos la perspectiva desde la cual pensamos (la tarea grupal ofrece una experiencia fantástica en este sentido).
  20. La transformación personal posibilita la transformación social, y viceversa. Mi visión entrelaza la transformación subjetiva individual con la de la subjetividad social. Soy consciente de lo sinuoso del camino y de la necesidad de crear estrategias radicalmente novedosas también en lo político-social. Pero estoy convencido de que, sin transformación subjetiva, los occidentales seguiremos tropezando con las mismas piedras, con el agravante de que su tamaño será cada vez mayor. En nuestra propia vocación por vivir de manera más amorosa, auténtica y gozosa, radica la fuerza que puede parir otro estado de cosas. Es  un posicionamiento que habrá que elaborar desde la singularidad de cada cual, pero que progresivamente se irá manifestando en lo colectivo. Es una manera de estar en la vida en la cual atender a los intereses más propios es también atender a los colectivos. A esto llamo solidaridad: estamos solidariamente comprometidos en nuestro presente y con nuestro futuro. En la alianza como forma vincular radican las posibilidades de éxito de este juego, y en el deseo de poder y dominio sus peligros.

Creo firmemente en aquello de que toda crisis presenta una oportunidad. El desafío es aprender a hacerlo realidad en nuestra experiencia. Pienso que la Consultoría Filosófica tiene un rol importante en ese intento.

Leopoldo Kohon

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